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Septiembre tiene una ventaja que a veces olvidamos: Galicia sigue ofreciendo días largos, costa, terrazas y jornadas que todavía pueden parecer plenamente veraniegas, pero poco a poco recupera un ritmo más tranquilo.
A eso se suma uno de los momentos más interesantes del calendario gastronómico gallego: la vendimia. Los viñedos dejan de ser únicamente paisaje y vuelven a convertirse en lugares de trabajo, aparecen mostos recién hechos y algunas bodegas permiten acercarse a un proceso que durante el resto del año solo podemos imaginar.
Y hay algo más. Muchas celebraciones de septiembre siguen teniendo un vínculo enorme con quienes viven en cada lugar. Son romerías, fiestas parroquiales, procesiones marítimas o reuniones alrededor de un producto. No hace falta que todo sea un macroevento para justificar un viaje.
Hay fines de semana en los que una ciudad cambia de aspecto y otros en los que parece cambiar de siglo. La Feira Franca de Pontevedra pertenece al segundo grupo. Durante dos días el centro histórico recupera simbólicamente el ambiente de la feria libre concedida a la ciudad en el siglo XV.
La edición de 2026 se celebra el viernes 4 y sábado 5 de septiembre. El sábado concentra buena parte de la actividad y es el día en el que más fácil resulta sentir que la fiesta se ha apoderado de la ciudad: mercado, puestos, artesanía, gastronomía, animación y miles de personas vestidas de época.
Pero la gran ventaja de Pontevedra es que el viaje no depende únicamente de la Feira. Su casco histórico es compacto y peatonal, así que podemos enlazar Praza da Ferrería, Praza da Leña, Santa María, las rúas del centro y la ribera del Lérez sin necesidad de mover el coche.
Para nosotros, la mejor estrategia sería llegar el viernes por la tarde. Así vemos la ciudad antes del momento de máxima intensidad, cenamos tranquilamente y nos levantamos el sábado ya dentro del escenario. Si solo podemos ir un día, entonces sí: sábado desde la mañana.
Gastronómicamente, la Feira invita a comer en la calle, pero no renunciaríamos al tapeo de Pontevedra. El casco histórico está hecho para ir enlazando pequeñas paradas: empanada, pulpo, tortilla, conservas, pescado, carne o simplemente una copa antes de continuar caminando.
Tapeo por el casco, empanada, pulpo, producto gallego y cualquiera de esas comidas que empiezan en una plaza y terminan dos calles después.
Viernes tarde + noche en Pontevedra + sábado completo en la Feira. Es mucho mejor que llegar y marcharse con prisas el mismo día.

A Illa de Arousa es uno de esos destinos en los que septiembre puede mejorar la experiencia. Sigue existiendo la posibilidad de playa, pero ya no necesitamos organizar todo el día alrededor de ella. Podemos recorrer la isla, comer junto a la ría y detenernos donde nos apetezca.
El paisaje explica buena parte de la gastronomía. Bateas, pequeñas embarcaciones, puertos y zonas de marisqueo recuerdan constantemente que aquí el producto del mar no es una decoración turística. Forma parte de la economía y de la identidad de la isla.
Una ruta sencilla puede comenzar en el entorno del puerto, continuar hacia el faro de Punta Cabalo y reservar después unas horas para el Parque Natural de Carreirón. No hace falta completar grandes rutas: lo interesante es alternar pequeños paseos con miradores y zonas de costa.
Si el tiempo acompaña, septiembre todavía permite añadir una playa. Si no acompaña, tampoco pasa nada: el paisaje de la ría, los paseos y la gastronomía mantienen intacta la escapada. Esa capacidad de funcionar con distintos tipos de día es precisamente una de sus ventajas.
En la mesa buscaríamos producto reconocible: pulpo, mejillones, almejas, navajas, pescados o arroces marineros, dependiendo de disponibilidad y temporada. Y evitaríamos el error de pedir demasiadas cosas solo porque estamos junto al mar. Mejor poco producto y bien tratado.
También podemos utilizar A Illa como punto de partida para una jornada más amplia por Arousa. Cambados, Vilanova o incluso O Grove quedan como posibles extensiones si tenemos más tiempo, aunque nosotros no intentaríamos meterlo todo en el mismo día.

Hay experiencias que pueden hacerse en cualquier época y otras que solo tienen sentido durante unas semanas. Ver una bodega en plena vendimia pertenece claramente al segundo grupo.
O Rosal ocupa una posición privilegiada entre el Atlántico, el Miño y las montañas. Aquí la viña forma parte del paisaje del Baixo Miño y septiembre es el momento en el que esa fotografía aparentemente tranquila empieza a llenarse de movimiento.
El sábado 5 de septiembre de 2026, Terras Gauda abre su vendimia al público con una experiencia de aproximadamente tres horas. La jornada permite observar la llegada de la uva a la bodega, conocer el proceso inicial de elaboración, probar mostos y participar simbólicamente en la recogida de uva.
La propuesta va más allá de una visita convencional porque permite probar algo que normalmente desaparece muy rápido: el mosto en el momento en que el vino todavía no es vino. También incluye vinos de la casa, música y un aperitivo gallego.
El horario previsto es de 11:00 a 14:00. Esto deja la tarde completamente libre para seguir recorriendo el Baixo Miño. Podemos bajar hacia A Guarda, subir a un mirador, acercarnos al Miño o simplemente conducir entre pequeñas carreteras y viñedos.
Si hacemos la escapada con niños, la actividad admite menores y puede resultar mucho más visual que una cata tradicional. Si vamos exclusivamente por el vino, la gracia está en aprovechar que la bodega está trabajando: es la misma instalación que podríamos visitar en invierno, pero completamente distinta en septiembre.
O Rosal por la mañana y A Guarda por la tarde forman una pareja excelente: vino, desembocadura del Miño, océano y gastronomía en muy pocos kilómetros.

Muxía ya tiene fuerza cualquier día del año, pero durante la Romaría da Virxe da Barca el santuario y las rocas frente al Atlántico adquieren otra dimensión. No es simplemente una fiesta junto al mar: es una de las romerías más conocidas de Galicia y está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional.
En 2026 se celebra del 11 al 14 de septiembre. La tradición une la devoción marinera con historias mucho más antiguas relacionadas con las grandes piedras del entorno del santuario.
Entre ellas están la Pedra de Abalar y la Pedra dos Cadrís, alrededor de las cuales existen leyendas y ritos populares. Incluso para quien no tenga interés religioso, el conjunto de santuario, granito y océano justifica por sí solo la visita.
La experiencia cambia según el momento. Durante los actos centrales tendremos ambiente, música, peregrinos y mucha gente. Si queremos disfrutar también del paisaje, conviene buscar un hueco temprano o permanecer hasta que una parte del público se haya marchado.
Después de la romería entraríamos en Muxía para comer. Aquí el viaje pide pescado, pulpo, caldeirada o producto del mar. Y, si disponemos de tarde, no abandonaríamos la Costa da Morte inmediatamente: merece la pena conducir sin demasiada prisa por este tramo de costa.
El mejor final depende del tiempo. Con mar fuerte, simplemente contemplarlo desde un punto seguro ya forma parte del espectáculo. Con tarde tranquila, la última luz alrededor del santuario puede ser uno de los grandes momentos de todas las escapadas de este artículo.
Reserva varias horas para Muxía. Santuario, piedras, puerto, comida y Atlántico son partes del mismo viaje.

Valongo representa justo lo contrario de una gran fiesta turística. Es una parroquia de Cerdedo-Cotobade y precisamente ahí está su interés: viajamos a una celebración local alrededor de uno de los sabores más sencillos y reconocibles de Galicia.
La XLVIII Festa da Filloa de Valongo se integra en las fiestas de la Virxe do Libramento y se desarrolla del 4 al 6 de septiembre de 2026. La tradición de elaborar las filloas públicamente en los antiguos trebellos de hierro ha dado especial fama a la celebración.
El viernes comienza con una churrascada. El sábado por la tarde llega uno de los momentos más gastronómicos, con el concurso de filloas a partir de las 18:30, seguido por la verbena nocturna. El domingo se entregan los trofeos de esta edición y continúan los actos de la fiesta.
Las filloas son perfectas para entender el tipo de gastronomía que queremos reivindicar en Comer y Viajar: pocos ingredientes, técnica doméstica transmitida durante generaciones y una enorme cantidad de variantes según la casa, la comarca o el momento del año.
No convertiríamos Valongo en una excursión de doce horas. La combinaríamos con Cerdedo-Cotobade y el valle del Lérez, buscando paisaje rural, pequeñas carreteras y alguna parada adicional. Estamos además relativamente cerca de Pontevedra, así que es posible construir un fin de semana que una Feira Franca y Festa da Filloa.
Eso sí, no esperes un gran recinto gastronómico profesionalizado. Éste es precisamente el lugar para buscar algo diferente: una fiesta parroquial en la que la gastronomía todavía está unida a las personas que elaboran el producto.

Rianxo quizá sea la escapada que mejor mezcla en este artículo fiesta popular, tradición marinera y gastronomía de ría. Durante Guadalupe el pueblo no funciona como simple escenario: la celebración pertenece completamente a quienes viven allí.
Las Festas da Guadalupe, declaradas de Interés Turístico de Galicia, se celebran en 2026 del 11 al 18 de septiembre. Su origen contemporáneo se relaciona con la devoción a la Virxe de Guadalupe después de la epidemia de cólera del siglo XIX.
Uno de sus actos esenciales es la procesión marítima. La imagen es trasladada hacia el mar y embarca acompañada por numerosas embarcaciones engalanadas. Ver la ría convertida en parte de la celebración ayuda a entender el vínculo histórico de Rianxo con el mar.
Y después está A Rianxeira. El canto colectivo de una canción que terminó trascendiendo completamente al propio pueblo se convierte durante las fiestas en un momento de identidad compartida, especialmente emotivo en el cierre acompañado por bengalas y música.
Para nosotros, el viaje necesita también recorrer Rianxo sin programa en la mano. Pasear junto al puerto, detenerse en las calles del centro y observar la actividad de la ría ayuda a situar la fiesta en su contexto.
En la mesa el territorio vuelve a mandar: mejillones, xoubas cuando corresponda, pulpo, pescados y mariscos de la ría. No hace falta buscar una elaboración especialmente sofisticada; muchas veces aquí la mejor experiencia es producto, pan, vino y poco más.
Fiesta → puerto → comida marinera → paseo junto a la ría → regresar al ambiente nocturno. Rianxo merece más que entrar, ver un acto y marcharse.
Consulta el programa definitivo y prioriza la procesión marítima o el cierre de las fiestas. Son los momentos en los que mejor se entiende qué significa Guadalupe para Rianxo.

Después de varias fechas marcadas en rojo, necesitamos una escapada que funcione cualquier fin de semana del mes. Ribadavia ocupa ese lugar perfectamente.
La antigua capital del Ribeiro permite entender hasta qué punto la historia de la villa y la del vino están unidas. Durante siglos, el comercio del vino impulsó una prosperidad que todavía puede leerse en calles, iglesias, pazos y edificios del casco histórico.
Empezaríamos en la Praza Maior y caminaríamos sin demasiada dirección por el centro medieval. El antiguo barrio judío, los restos de la muralla y el Castelo dos Condes de Ribadavia son suficientes para llenar una mañana sin convertir el paseo en una colección apresurada de monumentos.
La herencia judía añade una capa especialmente interesante a la visita. Podemos acercarnos al Centro de Información Judía de Galicia y recorrer calles estrechas donde todavía resulta fácil imaginar la estructura de la antigua villa.
Después llega el Ribeiro. Ribadavia no debería visitarse hablando de vino únicamente como bebida: el viñedo explica el paisaje y una parte enorme de la historia económica de toda la comarca. Podemos reservar una bodega de los alrededores o simplemente dedicar la comida a descubrir variedades y estilos del Ribeiro.
Septiembre le sienta especialmente bien porque el territorio está entrando en vendimia y las temperaturas suelen invitar más a caminar que en pleno verano. Además, si aparece lluvia, es una de las escapadas de la lista que mejor admite reorganización entre museos, patrimonio, vino y gastronomía.
casco histórico
Ribeiro
barrio judío
Praza Maior → casco histórico → barrio judío → castillo → comida → bodega o paseo por el Ribeiro. Con una noche disponible, mucho mejor.

Hay paisajes que impresionan desde un mirador y otros que empiezan a entenderse cuando conocemos el trabajo que hay detrás. Ribeira Sacra pertenece claramente al segundo grupo.
Los viñedos descienden por pendientes extremas hacia los ríos Sil y Miño. Durante buena parte del año vemos líneas de cepas dibujando las laderas; en septiembre aparecen vendimiadores, cajas, tractores, pequeñas embarcaciones y bodegas trabajando a otro ritmo.
Por eso septiembre es uno de nuestros meses favoritos para acercarse. No porque el paisaje cambie radicalmente de color, sino porque el viñedo deja de ser decorado y vuelve a mostrar su función agrícola.
En 2026 tenemos además una posibilidad especialmente interesante: el Viñobús Vendimia, con salidas los días 6, 12, 13, 19 y 20 de septiembre. La experiencia parte de Monforte de Lemos y permite acercarse a los viñedos acompañado por personas vinculadas a la viticultura.
Incluye paseo entre cepas, explicación de variedades y suelo, degustación de uvas, mostos y vinos e incluso vendimia y pisado tradicional de las uvas. Después se comparte un almuerzo en bodega. Es prácticamente una pequeña introducción al ciclo completo de la uva.
El precio promocional anunciado para 2026 es de 15 euros para adultos, 10 euros entre 4 y 12 años y gratuito para menores de 4. La duración aproximada es de 10:30 a 16:30 y requiere reserva.
Si preferimos organizar el día por libre, escogeríamos una sola zona. Intentar recorrer Sil y Miño completos el mismo día es uno de los errores habituales. Mejor elegir dos miradores, una bodega y una comida, dejando tiempo para las carreteras, que aquí son parte de la experiencia.
Reserva la bodega antes de salir. Durante vendimia algunas trabajan a plena capacidad y la disponibilidad de visitas puede cambiar.
Santiago no necesita una fiesta especial para entrar en esta selección. Su gran ventaja es otra: funciona prácticamente con cualquier tiempo y permite montar una escapada gastronómica sin utilizar el coche durante todo el día.
Empezaríamos pronto en el Obradoiro, antes de las horas de mayor movimiento. Desde allí entraríamos en el laberinto de rúas del casco histórico sin obsesionarnos con una ruta estricta. Santiago se disfruta mucho más dejando que aparezcan pequeñas plazas, soportales, iglesias y cafés.
Después iríamos al Mercado de Abastos. Es el segundo lugar más visitado de la ciudad después de la Catedral y, para Comer y Viajar, una parada imprescindible porque permite mirar Galicia a través de sus ingredientes.
Pescados, mariscos, carnes, quesos, verduras, panes y productos procedentes de distintas zonas gallegas conviven en las naves. La franja de mayor actividad suele estar entre las 09:30 y las 12:30 y los jueves y sábados son jornadas especialmente animadas.
Una de las naves está dedicada a restauración, así que podemos pasar de mirar producto a sentarnos a probarlo. Otra opción es abandonar el mercado y continuar por las calles próximas, donde se concentra una oferta enorme de tabernas y restaurantes.
Por la tarde caminaríamos hacia la Alameda para recuperar la vista de la Catedral desde otra perspectiva y regresaríamos después al casco histórico. Si dormimos en Santiago, el día puede terminar como debe terminar una escapada gastronómica: sin coche y sin mirar demasiado el reloj.
Santiago sigue siendo de las mejores opciones de toda la lista. Soportales, mercado, iglesias, cafés y restaurantes permiten ir adaptando el día sin perder la sensación de viaje.

Nuestra última propuesta es deliberadamente abierta. No queremos elegir un único pueblo porque septiembre invita a hacer exactamente lo contrario: mirar el cielo por la mañana y decidir qué tramo de las Rías Baixas nos apetece recorrer.
Si buscamos vino y patrimonio, Cambados es una excelente base. Si queremos mar, paseo y producto, podemos dirigirnos hacia O Grove. Si preferimos una escala más pequeña, A Illa de Arousa vuelve a ser una magnífica candidata.
La idea no consiste en hacer Cambados, O Grove, Combarro y A Illa el mismo día. Eso convertiría una escapada tranquila en una carrera. Elegiríamos como máximo dos zonas cercanas y construiríamos el viaje alrededor de una buena comida.
En septiembre todavía podemos encontrar jornadas luminosas para sentarnos frente a la ría. Y quizá ahí esté el lujo de viajar fuera de agosto: seguir disfrutando del mar cuando ya no sentimos que todo el mundo ha decidido disfrutarlo al mismo tiempo.
Gastronómicamente, es difícil equivocarse si respetamos producto y temporada. Mejillones, almejas, navajas, berberechos, vieiras, pescados y arroces aparecen junto a los vinos de Rías Baixas. No todo tiene que estar presente en la misma mesa.
Si elegimos Cambados, dedicaríamos un rato a caminar por su casco, bajar hacia San Tomé, acercarnos a las ruinas de Santa Mariña y entrar en el universo del Albariño. Si elegimos O Grove, el mar tendría más protagonismo. Y si el día termina despejado, dejaríamos siempre una última hora libre para buscar costa y ver cómo cambia la luz sobre la ría.
| Si buscas... | Nuestra elección | Por qué |
|---|---|---|
| Una gran fiesta | Pontevedra | La ciudad entera participa en la Feira Franca |
| Mar y gastronomía | A Illa de Arousa | Producto de la ría y paisaje en pocos kilómetros |
| Vivir una vendimia | O Rosal | Experiencia concreta de vendimia el 5 de septiembre |
| Tradición + paisaje | Muxía | Una gran romería frente al Atlántico |
| Fiesta gastronómica rural | Valongo | Filloas elaboradas en una celebración parroquial |
| Fiesta marinera | Rianxo | Guadalupe, procesión marítima y A Rianxeira |
| Historia y vino | Ribadavia | Casco medieval, barrio judío y Ribeiro |
| Paisaje y vendimia | Ribeira Sacra | Viñedos heroicos y actividades de vendimia |
| Ciudad gastronómica | Santiago | Mercado, patrimonio, tapas y gran plan B si llueve |
| Improvisar según el tiempo | Rías Baixas | Costa, pueblos, marisco y vino con máxima flexibilidad |
No canceles Galicia automáticamente. Cambia el plan. Ribadavia y Santiago funcionan especialmente bien con tiempo variable. Una bodega, un mercado, un casco histórico y una comida larga pueden convertir un día que parecía perdido en uno de los mejores del viaje.
Primer fin de semana: Pontevedra + Valongo.
Segundo fin de semana: Muxía o Rianxo.
Para la segunda mitad de septiembre: Ribeira Sacra, Ribadavia, Santiago o Rías Baixas según la meteorología.
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