Minas de San Fins: 6.000 Años de Historia en el Corazón de la Ría de Noia
Del estaño de los peregrinos medievales al wolframio que blindó los tanques de la Segunda Guerra Mundial. Una de las minas más fascinantes y longevas de Europa aguarda en el concello de Lousame.
Escondidas entre los valles boscosos del concello de Lousame, a escasos kilómetros de la Ría de Noia y de sus legendarios bancos marisqueros, las Minas de San Fins (también escritas San Finx) guardan uno de los relatos más asombrosos de la historia industrial de Galicia. Un lugar donde el tiempo se ha estratificado en capas de mineral, como la casiterita y la wolframita en sus filones, revelando más de seis milenios de presencia humana y de extracción incesante de la riqueza del subsuelo.
No estamos ante unas ruinas industriales más. Las Minas de San Fins son, junto con las de Fontao en Vila de Cruces, el yacimiento minero más importante de toda Galicia, y una de las explotaciones de estaño y wolframio más relevantes de la historia europea. Su historia no es solo la historia de un pueblo —Lousame— sino también un espejo que refleja guerras mundiales, espías, contrabandistas, emigrantes, ingenieros británicos y la ambición de naciones enteras que disputaban el control de un mineral estratégico: el wolframio.
¿Qué son las Minas de San Fins?
Las Minas de San Fins (en gallego oficial, As Minas de San Fins) son una explotación minera localizada en la parroquia de Santa Eulalia de Vilacova, en el municipio de Lousame, provincia de A Coruña. En ellas se extraían principalmente dos minerales: el estaño (en forma de casiterita) y el wolframio o tungsteno (en forma de wolframita), aunque también se han encontrado trazas de calcopirita, pirita, arsenopirita, molibdenita y scheelita.
Su ubicación no es casual: Lousame se asienta en la península del Barbanza, una zona geológicamente privilegiada donde las intrusiones graníticas del Hercínico generaron las condiciones ideales para la concentración de estos minerales en filones y pegmatitas. La proximidad a la Ría de Noia y a la Ría de Muros facilitó históricamente el transporte marítimo del mineral extraído hacia los grandes centros industriales europeos.
El wolframio o tungsteno es el metal con el punto de fusión más alto de todos los elementos puros: 3.422 °C. Por eso era imprescindible para blindar proyectiles antitanque y corazar los vehículos blindados de la Segunda Guerra Mundial. Sin wolframio, los tanques eran vulnerables. Con él, casi invencibles.
Desde la Edad de Bronce: 6.000 Años Mirando al Subsuelo
Los estudios arqueológicos realizados en la zona de Lousame y su entorno han permitido constatar que este territorio fue explotado minera mente desde la Edad de Bronce, hace aproximadamente 4.000 años antes de nuestra era. El estaño era entonces el metal más preciado junto con el cobre, pues su aleación producía el bronce, el material que definió toda una civilización y una época histórica.
El Petroglifo de Lousame es una de las pruebas más elocuentes de este asentamiento prehistórico: los grabados rupestres que salpican el paisaje de la parroquia de Vilacova evidencian una presencia humana continuada y una relación íntima con el territorio y sus recursos. Fenicios y romanos conocieron bien estos yacimientos e los integraron en sus redes comerciales, convirtiéndola en uno de los nodos del antiguo comercio de metales que vertebraba el mundo mediterráneo.
«Lo conocían fenicios y romanos, que lo explotaron y lo incluyeron en sus rutas comerciales, y fue aprovechado de forma casi ininterrumpida por las sucesivas poblaciones que habitaron el entorno, cerca de lo que hoy es la villa de Noia.»
— Climatica.coop, investigación sobre el patrimonio minero de San Fins
La Edad Media y el Camino de Santiago: el Estaño de los Peregrinos
Durante la Edad Media, los yacimientos de San Fins volvieron a cobrar vida ligada a uno de los fenómenos culturales más grandes de la historia europea: el Camino de Santiago. Con el auge de las peregrinaciones jacobeas, la demanda de estaño en Santiago de Compostela se disparó. Los artesanos compostelanos —conocidos popularmente como picheleiros, un oficio cuyo nombre vive aún hoy como gentilicio de los habitantes de Santiago— fabricaban con este metal los objetos que los peregrinos compraban como recuerdo o símbolo de su viaje: cálices, figuras devocionales, broches y los característicos picheles, jarras de estaño que daban nombre al oficio.
La demanda era tal que el mineral de San Fins no alcanzaba a cubrirla en solitario, y debía complementarse con importaciones de Ourense y de Inglaterra. Aun así, la mina de Lousame ocupaba un lugar central en la cadena de suministro del metal que hacía posible el comercio jacobeo.
La palabra «picheleiro» —gentilicio popular de los santiagueses— deriva del francés antiguo pechier, y designa al artesano que fabricaba picheles, vasos altos y redondos de estaño. El estaño que nutría esos talleres compostelanos llegaba, en buena parte, de las minas de San Fins en Lousame.
La Era Británica (1884): Sir Thomas Winter Burbury y la Industrialización
El tercer y más documentado período de San Fins arranca en 1884, cuando el ingeniero inglés Sir Thomas Winter Burbury desembarcó en la villa de Noia. Tras realizar prospecciones en la zona, obtuvo la concesión del yacimiento y fundó la sociedad The San Finx Tin Mines Limited, con capital íntegramente británico. Su sobrino Henry continuó las labores, ampliando la explotación y dotándola de infraestructuras modernas para la época.
A principios del siglo XX, la mina se transformó en una gran industria extractiva que llegó a emplear a más de 400 trabajadores. Se construyeron las instalaciones permanentes que en parte todavía pueden contemplarse hoy: edificios de procesado, talleres, almacenes y las primeras viviendas del poblado minero. El mineral extraído recorría un largo camino hasta el mar: desde Vilacova se trasladaba por carretera hasta Taragoña, en la Ría de Arousa, y desde allí era embarcado en el puerto de Carril con destino a los mercados europeos.
En 1916, la concesión pasó a una nueva sociedad —The Phoenicia Mines Limited— que realizó importantes inversiones y dotó a San Fins de las instalaciones técnicamente más avanzadas de su época en Europa. Una década después, el yacimiento regresó a manos de su antigua propietaria, San Finx Tin Mines. Este período británico supuso la modernización definitiva del complejo y la consolidación de Lousame como municipio con una identidad minera muy marcada.
La Fiebre del Wolframio: San Fins en el Tablero de la Segunda Guerra Mundial
Si hay un capítulo que convierte a San Fins en un lugar verdaderamente extraordinario, ese es el de la fiebre del wolframio durante la Segunda Guerra Mundial. Tras el final de la Guerra Civil española en 1939, la sociedad británica se disolvió y la mina pasó a manos de capital español, bajo la razón social Industrias Gallegas S.A., que la gestionó durante los siguientes veinticinco años.
Lo que ocurrió entonces transformó por completo el paisaje social, económico y humano de Lousame. El wolframio —también llamado tungsteno— era el mineral más codiciado de la guerra: con él se blindaban los proyectiles antitanque y se endurecía el acero de las corazas blindadas. Quien controlase el suministro de wolframio tenía una ventaja decisiva en el campo de batalla. Y Galicia —y en especial la zona de la Ría de Noia— era una de las regiones más ricas en este mineral de toda Europa.
Tanto el bando alemán como el aliado (britanico-francés) luchaban por hacerse con el wolframio gallego. Agentes de ambos gobiernos operaban abiertamente —y en la sombra— por las aldeas de la comarca, comprando el mineral a quien se lo quisiera vender. La situación generó un fenómeno social único: los llamados «mineros de monte» o rouchacos, vecinos que, acuciados por el hambre de posguerra, excavaban ilegalmente en los alrededores de la mina para extraer wolframio y venderlo en el mercado negro.
Durante los años álgidos de la fiebre del wolframio (1940–1944), la población del municipio de Lousame creció de 4.000 a 6.500 habitantes, un fenómeno excepcional en la Galicia de la emigración masiva. Gentes de toda la región llegaban en busca de trabajo en la mina o de fortuna en el estraperlo. Las cuadras de los vecinos se reconvertían en alojamientos improvisados para los forasteros, y en las aldeas próximas a la mina podía comprarse hasta Coca-Cola —un lujo absolutamente inaudito en la España de posguerra—, lo que da idea del volumen de dinero que circulaba.
La bonanza duró hasta 1944, cuando la presión británica sobre el gobierno de Franco logró que España pusiera fin a las exportaciones de wolframio hacia Alemania. La «fiebre» se apagó tan súbitamente como había comenzado. Pero San Fins dejó de ser una mina anónima para convertirse en un símbolo de aquella Galicia que, sin quererlo, había estado en el centro del tablero geoestratégico de la guerra más devastadora de la historia.
Posguerra y Consolidación Industrial: el Poblado que Creció al Son de la Mina
Superado el pico extraordinario del wolframio, la producción de San Fins se estabilizó con altibajos a lo largo de las décadas siguientes. La mina siguió siendo el motor económico del municipio, y a su alrededor creció un auténtico poblado minero autosuficiente: viviendas para los trabajadores y sus familias, economatos, escuelas y hasta un médico que atendía a la población flotante que gravitaba en torno a las instalaciones.
Durante este período, San Fins fue también escenario de uno de los primeros movimientos sindicales de Galicia. La concentración de trabajadores en condiciones duras, la tensión entre el capital y la mano de obra, y el contexto de posguerra con sus hambres y sus miedos generaron una conciencia de clase y una organización laboral que, en aquel contexto de dictadura franquista, tuvo un carácter pionero y, a la vez, peligroso.
Las minas de San Fins tienen el honor de haber sido la primera explotación de wolframio iniciada en España y una de las primeras de Europa. Cuando los ingenieros de la familia Burbury comenzaron a extraer wolfram en Lousame a finales del siglo XIX, el tungsteno apenas empezaba a despertar el interés de la industria siderúrgica. San Fins fue, literalmente, un laboratorio pionero en el aprovechamiento de este metal.
El Abandono, la Rehabilitación y la Polémica de las Aguas
En 1990, con el precio del estaño y del wolframio en mínimos históricos en los mercados internacionales, la actividad extractiva de San Fins se interrumpió definitivamente. Las instalaciones quedaron abandonadas, los edificios vaciados, y la maleza comenzó a reconquistar los espacios que durante más de un siglo habían estado ocupados por el trabajo y el ruido de las máquinas.
A partir de 2007, el Concello de Lousame impulsó un ambicioso proceso de rehabilitación, restauración y acondicionamiento del complejo con fines culturales y turísticos. Se creó una ruta interpretativa señalizada que recorre los restos de las instalaciones, se habilitó un Centro de Interpretación (museo) en el antiguo edificio de compresores —construido en los años 20— y se restauró parcialmente el poblado minero, donde hoy funciona incluso un restaurante en las antiguas viviendas de los trabajadores.
Sin embargo, la historia de San Fins no está cerrada. Desde 2015, la constructora Sacyr, a través de su filial Tungsten San Finx, es titular de la concesión y ha intentado en varias ocasiones reanudar la extracción. El principal obstáculo es el agua: las galerías del complejo están inundadas, y para reactivar la mina habría que bombear y verter cientos de millones de litros de agua contaminada con metales pesados. Esa agua, si llegara a los ríos que desembocan en la Ría de Muros-Noia —una de las zonas marisqueras más productivas de Europa— supondría un desastre ecológico de consecuencias incalculables para las cofradías de mariscadores.
La tensión entre los intereses extractivos y la defensa del medio ambiente y del modo de vida de los vecinos ha generado una prolongada batalla legal y social, con intervención de grupos ecologistas, la Xunta de Galicia, los juzgados y hasta la relatora especial de la ONU sobre defensores de derechos humanos.
Entre 2007 y 2017, el museo y la ruta interpretativa de las Minas de San Fins recibieron más de 7.000 visitantes en visitas guiadas. A pesar de su escasa publicidad, el boca a boca ha convertido a San Fins en uno de los destinos de turismo industrial más valorados de Galicia, con reseñas que destacan especialmente la calidad y el entusiasmo de sus guías.
Cómo Visitar las Minas de San Fins Hoy: el Museo y la Ruta Interpretativa
En la actualidad, las Minas de San Fins ofrecen una experiencia de visita genuinamente memorable que combina patrimonio industrial, historia viva y paisaje natural. El recorrido por el complejo incluye dos grandes elementos:
El Centro de Interpretación (Museo)
Instalado en el antiguo edificio de compresores —una construcción de los años 20 de arquitectura industrial sobria y elegante—, el museo alberga maquinaria original utilizada en las labores extractivas, junto con paneles explicativos que abordan la historia de la mina desde su dimensión geológica, minera, histórica y social. Es el punto de partida ideal para contextualizar la visita antes de adentrarse en el recorrido exterior.
La Ruta Interpretativa
El itinerario exterior recorre los restos de las instalaciones y las bocas de mina, señalizados con paneles informativos que van narrando la historia a medida que el visitante avanza por el complejo. A lo largo del recorrido pueden contemplarse hornos, edificios en distintos estados de conservación, escombreras y las impresionantes bocas de galería que en su momento más activo llegaron a ser treinta y dos.
Es imprescindible respetar en todo momento el recorrido señalizado y no traspasar las zonas valladas o delimitadas. Las antiguas instalaciones y las cavidades de las minas presentan riesgos reales para los visitantes que se aparten del itinerario marcado.
- Dirección
- Santa Eulalia de Vilacova, 15212, Lousame (A Coruña)
- Horario
- Martes a domingo (visitas guiadas para grupos de +10 personas, con reserva previa)
- Teléfono de reservas
- 679 583 332 · 981 820 494 (Concello de Lousame)
- Web
- concellodelousame.gal
- Precio de entrada
- Gratuita (visita libre) · Consultar visitas guiadas
- Cierre semanal
- Lunes
El Futuro: ¿Volverá a Extraerse Wolframio en San Fins?
La geopolítica del siglo XXI ha devuelto al wolframio gallego una relevancia que parecía olvidada. Con la guerra en Ucrania y las sanciones sobre Rusia —uno de los principales productores mundiales de tungsteno— Europa se ha encontrado ante una dependencia peligrosa: el 95% del wolframio del mundo procede de China, Rusia y Vietnam, convirtiendo este mineral en uno de los de mayor riesgo en la cadena de suministro.
En este contexto, la empresa australiana Rafaella Resources —que en 2024 sucedió a Tungsten San Finx como titular de la concesión de San Fins— está tramitando la reapertura de la mina. Sus cálculos apuntan a que las dos minas gallegas (San Fins y Varilongo, en Santa Comba) podrían aportar el 2% de la producción mundial y más del 20% de la europea, lo que en términos comunitarios es una cifra verdaderamente significativa.
La decisión sobre el futuro de San Fins estará marcada por el difícil equilibrio entre la viabilidad económica de una extracción que Europa necesita, la protección de la Ría de Muros-Noia y sus recursos marisqueros, y el respeto a una comunidad que lleva décadas conviviendo con la herencia —y los riesgos— de su pasado minero.
Cómo Llegar a las Minas de San Fins
Las Minas de San Fins se encuentran en la parroquia de Santa Eulalia de Vilacova, en el concello de Lousame (A Coruña), a unos 90 km de Vigo y a aproximadamente 40 km de Santiago de Compostela. El acceso en coche desde Noia o desde la autovía AG-11 es sencillo siguiendo las indicaciones hacia Lousame y, desde allí, hacia Vilacova.
El entorno invita a completar la visita a la mina con otras propuestas en el municipio: la Ruta do Río Vilacoba e San Xusto (casi 20 km circular), el mirador de A Muralla, las pozas naturales del río Vilacoba en verano o el Cruceiro de Berrimes, uno de los más antiguos documentados fotográficamente en Galicia.
- Calzado
- Recomendable calzado de senderismo o deportivo. El terreno puede estar húmedo y con barro.
- Grupos
- Las visitas guiadas están programadas para grupos de 10 o más personas. Contactar con el Concello con antelación.
- Seguridad
- No salir del recorrido señalizado. Las antiguas galerías y cavidades presentan riesgo real de derrumbe.
- Duración
- La visita completa (museo + ruta exterior) requiere entre 1,5 y 2,5 horas.
San Fins: Donde la Geología Escribe la Historia
Pocas visitas en Galicia consiguen lo que logra San Fins: hacer que el paisaje hable. Los edificios en ruinas, los filones de mineral visibles en los cortes de roca, la maquinaria detenida en el tiempo y los paneles que narran guerras mundiales y vidas de mineros producen en el visitante algo que va más allá del turismo convencional. Producen comprensión: la comprensión de que bajo nuestros pies se esconde una historia tan antigua y tan compleja como la propia humanidad.
Las Minas de San Fins son, en definitiva, uno de los lugares más extraordinarios de la costa gallega. Un sitio donde la geología ha forjado el destino de un pueblo, donde las guerras del siglo XX dejaron una huella indeleble en una aldea del interior, y donde hoy la pregunta sobre el futuro del wolframio europeo tiene el mismo peso que tuvo hace ochenta años, cuando los espías alemanes y los agentes británicos se cruzaban en las mismas calles que hoy recorren los turistas.
«Las minas de San Fins son una oportunidad extraordinaria de viajar en el tiempo y en la memoria de un pueblo, el de Lousame, cuya historia está estrechamente vinculada a la minería.»
— Museo Minero de San Fins, Concello de Lousame