Alquézar no es solo un pueblo; es un desafío al abismo y un triunfo de la arquitectura medieval sobre una geografía indómita. Durante nuestra extensa estancia este 2026, comprendimos que para conocer realmente este rincón de la provincia de Huesca no basta con una tarde de paseo. Se necesita tiempo para escuchar el eco de la historia en sus piedras y el rugido del río Vero en el fondo del cañón. Declarado uno de Los Pueblos más Bonitos de España, Alquézar se eleva a 660 metros de altitud, ofreciendo una de las estampas más bellas y equilibradas del Prepireneo aragonés.
Nuestra semana allí fue una inmersión total en la comarca del Somontano. Desde el primer momento en que divisamos la silueta de la Colegiata recortada contra el cielo azul, supimos que estábamos ante un lugar especial. El trazado urbano, que mantiene intacta su esencia árabe y medieval, invita a un ritmo de vida más pausado, donde el único reloj válido es la posición del sol sobre los riscos de piedra caliza.
📍 Ubicación Estratégica
Situado en el Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, Alquézar es el punto de partida ideal para amantes del senderismo, la historia y, por supuesto, el barranquismo. Su microclima favorece la visita durante casi todo el año.
La Colegiata de Santa María: El Alma de la Fortaleza
La historia de Alquézar comienza y termina en su Colegiata. Lo que hoy vemos es una evolución fascinante que arrancó en el siglo IX como una fortaleza defensiva musulmana para frenar el avance de los reinos cristianos. Tras la reconquista por parte de Sancho Ramírez en 1067, el enclave se transformó en una comunidad religiosa de gran importancia. Al acercarnos a sus muros, se siente el peso de los siglos; la piedra parece haber absorbido las oraciones y los lamentos de quienes habitaron este espolón rocoso.
El interior de la Colegiata es un tesoro en sí mismo. Su claustro románico es una de las joyas más preciadas de Aragón, con capiteles que narran escenas bíblicas con una maestría que deja sin aliento. Pero lo que realmente impacta es la armonía con la que el edificio se asienta sobre la roca. No parece construido, parece que ha brotado de la propia montaña. Durante nuestra visita, la luz del atardecer tiñó la piedra de un dorado cálido, creando una atmósfera de recogimiento que nos transportó directamente a la Edad Media.
Laberinto de Piedra: Callejear por el Casco Antiguo
Abandonar la zona alta y descender hacia el pueblo es como entrar en un laberinto diseñado para el deleite visual. Las calles de Alquézar mantienen el trazado irregular de las ciudades musulmanas, con pasadizos sombríos (llamados "callizos") que conectan diferentes niveles del pueblo. Cada casa es un ejemplo de arquitectura tradicional altoaragonesa, combinando la piedra caliza con el ladrillo y la madera en los aleros de los tejados.
Es fascinante observar cómo la vida cotidiana se adapta a estas pendientes. Caminando por la Calle de San Lucas o la Calle Nueva, uno descubre pequeños detalles que pasan desapercibidos para el turista con prisa: antiguos hornos de pan, escudos nobiliarios que hablan de un pasado de hidalguía y plantas de interior que asoman por balcones de forja. El silencio en estas calles, interrumpido solo por el lejano tañer de las campanas, es un regalo para el alma estresada de la ciudad.
El Descenso al Abismo: Las Pasarelas del Vero
Para muchos, el nombre de Alquézar va ligado indisolublemente a sus pasarelas. Esta ruta circular es una de las experiencias de senderismo más fotogénicas de España. El camino comienza bajando por el barranco de la Fuente, un sendero que nos introduce en un mundo vertical de paredes calcáreas donde la vegetación lucha por agarrarse a la roca. A medida que descendemos, la temperatura baja y el aire se vuelve más húmedo, anunciando la proximidad del río Vero.
Las pasarelas metálicas están ancladas directamente a la pared del cañón. Caminar por ellas ofrece una perspectiva que antes solo estaba reservada para los barranquistas. Bajo nuestros pies, el río fluye con una fuerza serena, esculpiendo formas caprichosas en la piedra caliza a lo largo de milenios. Es un tramo emocionante donde la adrenalina se mezcla con la contemplación de un paisaje natural que se mantiene salvaje a pesar de la intervención humana para hacerlo accesible.
Espejos de Agua: Las Pozas del Vero
Una vez llegamos al fondo del cañón, el río Vero nos regala uno de sus mayores espectáculos: sus pozas de aguas turquesas. La claridad del agua es tal que se pueden contar las piedras en el fondo. En estas zonas, el río se remansa, creando piscinas naturales que reflejan las imponentes paredes que las rodean. Es el lugar perfecto para una parada técnica, respirar hondo y sentir la energía de un entorno que parece sacado de una novela de fantasía.
El color del agua cambia según la luz del día, pasando del verde esmeralda al azul más profundo. Durante nuestra semana en 2026, pudimos comprobar que incluso en días nublados, el río mantiene una luminosidad propia. Es aquí donde uno comprende por qué esta zona ha sido habitada desde la prehistoria; el agua es vida, y en Alquézar, el agua ha sido la escultora que ha dado sentido a todo el paisaje.
Sabor y Tradición: La Mesa en el Somontano
Tanto ejercicio por el monte requiere una buena mesa, y en Alquézar esto se lo toman muy en serio. La gastronomía local es un reflejo de su historia: materias primas de calidad, recetas heredadas de generación en generación y el toque inconfundible del aceite de oliva de la zona. Sentarse a comer en una de las terrazas con vistas al cañón es el complemento perfecto para la jornada de senderismo.
💰 Precios de Referencia:
- Menú Degustación: 35,00€ - 50,00€.
- Botella de Somontano: 18,00€ - 30,00€.
- Ración de embutidos: 12,00€ - 16,00€.
El Ternasco de Aragón es la estrella indiscutible, asado lentamente hasta que la carne se desprende del hueso. Pero no hay que olvidar las migas al estilo pastor, las chiretas o los embutidos de Graus que llegan hasta aquí. Todo ello regado, por supuesto, con los excelentes caldos de la Denominación de Origen Somontano, cuyos viñedos hemos cruzado para llegar hasta el pueblo.
El Encanto de los Pequeños Detalles
A veces, lo más espectacular de Alquézar no es su gran colegiata ni sus profundos barrancos, sino las flores que cuidan los vecinos en sus ventanas. El contraste entre la dureza de la piedra caliza y el colorido de los geranios y buganvillas crea rincones de una belleza íntima y acogedora. Estos detalles demuestran que, a pesar de ser un centro turístico de primer orden, Alquézar sigue siendo un pueblo vivo donde la gente se enorgullece de su entorno.
Pasear sin rumbo nos permitió encontrar puertas de madera centenarias con aldabas de hierro forjado que son auténticas obras de arte. En 2026, la apuesta por el turismo sostenible ha hecho que se cuiden aún más estos aspectos, evitando la cartelería agresiva y manteniendo una iluminación tenue que resalta la textura de la piedra sin contaminar el cielo estrellado del Pirineo.
La Magia Nocturna: Cuando el Pueblo se Ilumina
Si durante el día Alquézar es impresionante, por la noche se vuelve puramente mágica. Cuando los grupos de turistas de un día se marchan, el pueblo recupera una paz casi monacal. Las farolas de luz cálida proyectan sombras alargadas en el suelo empedrado, y la Colegiata, iluminada desde su base, parece flotar sobre el vacío. Es el momento de salir con la cámara y el trípode para capturar la esencia del medievo.
Nuestras caminatas nocturnas por la Plaza Mayor (o Plaza de Rafael Ayerbe) fueron de los momentos más memorables del viaje. Sentarse en uno de sus bancos y simplemente observar la silueta de los edificios contra el cielo negro, escuchando el lejano susurro del río, nos recordó por qué viajamos: para encontrar momentos de absoluta conexión con el entorno.
Mirador "Sonrisa del Viento": Una Mirada al Infinito
Existen muchos puntos de vista en Alquézar, pero el mirador de la Sonrisa del Viento es especial. Ubicado estratégicamente, ofrece una visión lateral de todo el conjunto monumental y del inicio del cañón. Desde aquí se entiende perfectamente la proeza de los constructores medievales. Las casas parecen colgar del borde mismo del precipicio, desafiando la gravedad con una confianza ciega en la solidez de la roca.
Es un lugar que invita a la fotografía pausada, buscando el encuadre perfecto entre las rocas y las torres de la colegiata. Durante nuestra estancia, dedicamos una mañana entera a simplemente contemplar el vuelo de los buitres desde este punto. Es increíble la perspectiva que ofrece sobre el barranco de la Fuente, por donde habíamos descendido días antes.
Aventura en el Vero: Barranquismo y Adrenalina
Alquézar es, para muchos, sinónimo de barranquismo. No podíamos escribir esta crónica sin mencionar la vibrante actividad que rodea al río. Grupos de aventureros con sus neoprenos de colores brillantes, cuerdas y cascos son parte del paisaje habitual del pueblo. El descenso del río Vero es un clásico europeo, ofreciendo una combinación de saltos, toboganes naturales y tramos de nado en un entorno de belleza sobrecogedora.
Incluso si no te atreves con el barranquismo técnico, el ambiente que genera es muy positivo. Las empresas locales de aventura son muy profesionales y ayudan a concienciar sobre la importancia de respetar este ecosistema tan frágil. Ver a los grupos regresar cansados pero sonrientes al final del día es la mejor prueba de que Alquézar es un lugar que te llena de energía y vitalidad.
Despedida desde la Distancia
Al alejarnos de Alquézar, no pudimos evitar detenernos en la carretera para echar una última mirada atrás. Desde la distancia, el pueblo se ve aún más pequeño y heroico, aferrado a su risco como si fuera parte natural de la orografía. Es una imagen que se queda grabada: el ocre de la piedra, el verde de los pinos y el azul profundo del cielo oscense.
Nos vamos con la promesa de volver. Alquézar tiene esa capacidad de los lugares auténticos: siempre dejas algo pendiente para tener una excusa y regresar. Ya sea un nuevo sendero, un restaurante que nos recomendaron o simplemente el placer de volver a ver amanecer sobre los cañones del Vero.
Últimos Consejos para tu Visita
Para cerrar este extenso recorrido, queremos dejaros con una última imagen del pueblo. Alquézar se disfruta mejor si se respetan sus tiempos. No vengas con prisa. Camina, observa, prueba su vino y, sobre todo, respeta este entorno que ha sobrevivido a siglos de historia para que nosotros podamos disfrutarlo hoy.
Esperamos que esta guía os sirva para planificar vuestra propia aventura. Alquézar os espera con los brazos abiertos y toda su magia medieval intacta. ¡Buen viaje!
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