Altea no es solo un pueblo costero; es un estado mental. Durante nuestra estupenda semana allí este 2026, comprendimos por qué se le conoce como la cúpula del Mediterráneo. Sus calles empedradas, el blanco impoluto de sus fachadas y ese aire bohemio que flota en el ambiente la convierten en el refugio perfecto para quienes buscan belleza y tranquilidad a partes iguales. Acompañados de buenos amigos, nos propusimos no dejar ni un solo rincón sin explorar, desde las cimas del casco antiguo hasta las calas más recónditas de Altea la Vella.
📍 El Rincón de los Artistas
Desde los años 60, Altea ha sido imán para pintores, escultores y poetas. Esa herencia se respira hoy en sus numerosas galerías de arte y en el cuidado exquisito de cada rincón floral de la ciudad.
El Casco Antiguo: Un Laberinto de Luz
Nuestra aventura comenzó ascendiendo por el Fornet, el casco antiguo de Altea. Perderse por estas calles es obligatorio. Cada esquina ofrece una perspectiva nueva: una buganvilla que cae sobre una puerta azul, un gato dormitando en un escalón de piedra o, de repente, un claro que revela la inmensidad del mar. Es un ascenso que se hace con gusto, deteniéndose en cada mirador para tomar aire y, por supuesto, docenas de fotos.
Finalmente llegamos a la Plaza de la Iglesia, el corazón latente de Altea. Las dos cúpulas de azulejos azules vidriados de la Iglesia de Nuestra Señora del Consuelo brillan con una intensidad casi sobrenatural bajo el sol de la tarde. Allí, sentados con el grupo, disfrutamos de la vida de la plaza: músicos callejeros, puestos de artesanía y el bullicio alegre de la gente que, como nosotros, se siente afortunada de estar allí.
💰 Precios en la Plaza de la Iglesia:
- Refresco o cerveza: 4,00€ - 5,50€.
- Cena para dos (media): 55,00€ - 80,00€.
- Artesanía local (imanes/detalles): desde 6,00€.
Altea la Vella y el Encuentro con la Tradición
No podíamos pasar la semana sin visitar Altea la Vella. Aunque está a solo unos minutos del centro, el ambiente cambia radicalmente. Es un remanso de paz donde la tradición agrícola aún se palpa en el aire. Caminar por sus calles más tranquilas nos permitió conectar con la Altea más auténtica, alejada del foco turístico principal, donde el tiempo parece haberse detenido hace décadas.
El Paseo Marítimo y la Brisa del Mediterráneo
El contraste lo encontramos en el Paseo Marítimo. Recientemente reformado, es un espacio amplio y moderno ideal para largas caminatas al atardecer. Aquí, el sonido de los guijarros de la playa moviéndose con las olas crea una banda sonora relajante. Cenar en una de sus terrazas, con el olor a salitre y pescado fresco a la brasa, fue uno de los lujos diarios que nos permitimos durante esta semana inolvidable.
La Iglesia Ortodoxa: Un Tesoro Oculto
Uno de los puntos que más nos sorprendió fue la Iglesia Ortodoxa de San Miguel Arcángel. Ubicada a las afueras, en dirección a Calpe, es la primera iglesia de este tipo construida en España. Hecha enteramente con madera traída de los Urales, sus cúpulas doradas brillando entre los pinos te hacen dudar por un momento de si sigues en la Costa Blanca o te has transportado a la estepa rusa.
⚠️ Importante para la Visita
Si quieres entrar a la Iglesia Ortodoxa, recuerda llevar ropa adecuada (hombros cubiertos). El horario es restringido, así que mejor ir por la mañana temprano para evitar las colas de turistas que se forman en 2026.
Puerto Deportivo y Actividades Náuticas
Altea también es mar. El puerto deportivo Campomanes (Marina Greenwich) tiene la peculiaridad de estar situado exactamente sobre el meridiano 000º 00' 00''. Es una zona de lujo, llena de yates impresionantes y restaurantes exclusivos. Nosotros optamos por algo más aventurero: alquilar unos kayaks para explorar los acantilados de la zona. Ver la silueta del Peñón de Ifach a lo lejos mientras remas por aguas tranquilas es una de las mejores postales que nos llevamos.
Gastronomía: Arroces y Tradición Alicantina
No se puede hablar de una semana en Altea sin mencionar su cocina. Probamos el Arroz a Banda en tres lugares distintos, y cada uno tenía su secreto. El uso del producto local, desde el pescado de la bahía hasta los nísperos de Callosa d'en Sarrià para el postre, demuestra el orgullo que sienten por su tierra. Comer con amigos, compartiendo risas y un buen vino de la Marina Alta, hizo que cada almuerzo fuera una fiesta.
Miradores: El Espectáculo de la Bahía
Si hay algo que abunda en Altea son los miradores. El del Cronista de España es quizás el más famoso, ofreciendo una vista panorámica que abarca desde el Peñón de Ifach hasta el rascacielos de Benidorm en el horizonte. Sin embargo, descubrimos pequeños balcones naturales menos concurridos donde la paz era absoluta. Ver amanecer desde uno de ellos, con el mar en calma total, fue una experiencia casi religiosa.
Rutas de Senderismo: La Sierra Helada
No todo fue playa y comer. Dedicamos un día a explorar los senderos de la Sierra Helada. Es una ruta exigente pero gratificante, con acantilados verticales que caen directamente al mar desde más de 300 metros. Las vistas de la costa desde los picos más altos son inigualables. Es increíble cómo en pocos kilómetros pasas del bullicio de un pueblo cosmopolita a la soledad más absoluta de la montaña mediterránea.
El Encanto Nocturno: Luces y Sombras
Cuando el sol se pone, Altea se viste de gala. La iluminación suave de las calles del casco antiguo crea una atmósfera romántica y misteriosa. Caminar por la calle de San Miguel de noche, con el reflejo de las luces en el empedrado gastado, es una de las sensaciones más bonitas que recordamos. Es el momento en que los restaurantes sacan sus mesas a la calle y el aroma a jazmín se intensifica.
Conclusión: Siete Días que Supieron a Poco
Nuestra semana en Altea llegó a su fin, pero nos llevamos el corazón lleno de luz mediterránea. Es un destino que ofrece mucho más de lo que aparenta a simple vista. Ha sido una semana de descubrimientos, de buena comida, de ejercicio físico y, sobre todo, de fortalecer lazos con amigos en uno de los marcos más incomparables de España. Altea, volveremos, porque siempre queda un rincón nuevo por fotografiar y una nueva historia que vivir entre tus paredes blancas.
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