San Lois: El Altar de la Ría
Un viaje a la verticalidad de Noia para descubrir el faro visual de la comarca.
Subir al Monte San Lois es un rito de paso para cualquiera que visite Noia. Con sus 363 metros, es el punto donde la geografía gallega decide mostrar todas sus cartas. Desde su cima, el caos ordenado de la ría se despliega como un mapa del tesoro, revelando secretos que a ras de suelo pasan desapercibidos: la desembocadura del Tambre, el zigzagueo de las lanchas marisqueras y la bruma que protege la entrada de la ría en Muros.
01. Centinela Medieval
Históricamente, el Monte San Lois ha servido como torre de vigía natural. Durante la Edad Media, cuando Noia era el puerto de Santiago, la amenaza venía del mar. Desde estas alturas, las fogatas alertaban de naves normandas que pretendían remontar la ría. La propia ermita que corona la cima es un recordatorio del carácter sagrado que los antiguos pobladores otorgaban a las montañas que dominaban el horizonte.
Caminar por sus laderas es pisar la misma roca que sirvió de cantera para los grandes monumentos de la comarca. El granito de San Lois, duro y resistente, forma parte de los cimientos de la Iglesia de San Martiño. Al ascender, uno siente ese peso de la historia, una conexión con el pasado de una villa que fue la puerta de entrada para miles de peregrinos marinos.
02. Ecosistema Atlántico
El monte es un organismo vivo. En las cotas bajas, el pino marítimo domina el paisaje, proporcionando una sombra fresca. Sin embargo, lo más valioso se esconde en los recodos menos transitados: pequeños reductos de carballeiras donde el roble resiste el paso del tiempo. A medida que la pendiente sube, el matorral, el brezo y el tojo tiñen el monte de lilas y amarillos.
La influencia de la niebla es clave. El San Lois atrapa las nubes que entran desde el mar, generando un microclima de alta humedad que favorece la aparición de líquenes y musgos sobre las rocas desnudas, dándoles ese aspecto místico. Para el fotógrafo, estas texturas son un tesoro, especialmente al amanecer cuando el rocío brilla sobre la vegetación.
"El aire huele a pino y salitre, la esencia pura de las Rías Baixas."
03. La Ría desde la Estratosfera
Al alcanzar la cumbre, la vista cenital permite observar la desembocadura del Tambre en Testal. Se ve perfectamente cómo el agua dulce lucha con la salada, creando bancos de arena que son la cuna del berberecho. Las manchas de colores indican las profundidades: el azul oscuro señala el canal principal de navegación.
Desde aquí, Noia revela su estructura medieval. Se distingue el puerto, los puentes y las torres de San Martiño. Es una visión que reconcilia al hombre con el urbanismo; una ciudad que creció respetando la curva del río. Hacia el otro lado, la mirada se pierde en la Sierra de Barbanza, un paisaje agreste que sirve de contrapunto a la viveza de la costa.
04. La Hora de Oro
No hay experiencia completa sin esperar al atardecer. El granito absorbe los tonos rojizos del cielo. Es el momento de capturar el "fuego sobre el agua". El silencio es casi absoluto, solo roto por el viento y el lejano motor de algún barco. Uno comprende por qué los antiguos llamaban a este lugar el límite del mundo conocido.
05. El Caminante sobre el Abismo
Para el trekking, el San Lois ofrece caminos antiguos de pastores. La subida por la ladera sur es la más directa, pero hay alternativas que rodean el monte con vistas cambiantes. Es vital prestar atención a los cruces; a veces un pequeño sendero lleva a una fuente escondida o a un mirador natural fuera de los mapas.
Encontramos muros de piedra seca que delimitan parcelas hoy devoradas por el monte. Estos muros, construidos sin cemento, son testigos del pasado ganadero. En otoño, el suelo se cubre de castañas y bellotas. Es una invitación a dejar el móvil y permitir que los sonidos de la naturaleza tomen el mando.
Epílogo: Noia al caer la noche
Al bajar, la villa nos recibe con sus luces encendidas. La transición de la soledad del monte al ambiente de las tabernas es el broche de oro. Nada como una empanada de maíz con berberechos para recuperar fuerzas. El sabor del mar y la imagen de la ría desde las alturas forman el recuerdo perfecto de Galicia.
El Monte San Lois no se visita, se vive. Es una experiencia que exige tiempo y curiosidad. Un balcón que seguirá siendo el corazón visual de Noia por muchas generaciones. Un lugar donde el horizonte nunca es igual dos veces.
Planifica tu próxima escapada con nosotros:
www.comeryviajar.comTu portal de experiencias culinarias.