Qué hacer en La Coruña. Qué ver en La Coruña. Dónde comer en La Coruña.
Hace unas semanas visitamos La Coruña en plan paseo, y además de sorprenderme enormemente, me encantó como ciudad.
Es cierto que las ciudades con mar siempre tienen un plus, pero en este caso es impresionante...
He de reconocer que nuestra intención era la de realizar la visita al gran centro comercial que es Marineda City, pero el colapso de gente que se encontraba allí, coincidiendo con la apertura del primer domingo de diciembre, nos hizo realizar un cambio de planes y que nos deleitásemos con un largo paseo, para conocer mejor esta preciosa ciudad que es La Coruña.
La escala en Kusadasi, visitar Éfeso o perderte en las compras por la ciudad
Bandera del puerto de Kusadasi
Kusadasi es una ciudad balneario turca situada a 90 kilometros de Esmirna y a 650 km de Estambul.
Una gran bandera turca preside el puerto de Kusadasi, nuestra escala en tierras turcas.
El atraque del barco se realiza en un puerto con un calado suficiente y por eso salimos del Celebrity Solstice (Celebrity Cruises) andando por el puerto hacia las instalaciones que dan paso a la ciudad.
Un gran cartel que preside la entrada a la urbe y que puede verse en la foto superior nos recibe:
Visitar Benidorm, comer en Benidorm, excursiones en Benidorm,en dos palabras Vivir Benidorm.
Pese a que supero en poco, la mitad de la vida estadística de un adulto en España, he de deciros que adoro Benidorm.
Había estado hace años, de pasada, en un viaje que hice por todo la costa Mediterránea en la que había visitado varios pueblos costeros, entre ellos Benidorm.
Pero como no conocía que hacer, donde ir, que visitar, ... esta ciudad pasó para mi sin pena ni gloria, y me quedé con los tópicos de que es una "ciudad para los mayores".
Pero nada más lejos de la realidad, Benidorm es una urbe que acoge a todo el mundo y que tiene sus zonas, para jóvenes, para adultos y para mayores.
Una delicia de ciudad que ahora pasaré a detallaros, como moveros, que hacer, donde dormir... y como empaparse de la ciudad.
Vista aérea de Caminha desde el otro lado del Río Miño
Visitar y comer en Caminha. Portugal.
Hoy os comentaré algo que suelo hacer al menos tres o cuatro veces al año, ir a comer bacalao a Portugal.
Hoy en día es un privilegio cruzar la frontera sin las colas que había antaño, por el nuevo puente internacional sobre el Miño.
Antigüo puente de Tui visto desde "A Fortaleza"
El antiguo puente Internacional de Tui donde se cruzaba de forma alterna, e inaugurado en el año1886, es ya un monumento a tiempos pasados aunque todavía se puede circular por el.
Resulta encantador pasar a través de sus antiguas columnas, y os recomiendo que lo hagáis si os sobra algo de tiempo.
Para los gallegos, llegar al norte de Portugal es rápido y una buena manera de pasar un fin de semana o de realizar una escapada, a ese paraíso gastronómico que considero el norte de Portugal.
Guía: Cómo ir de Civitavecchia a Roma por libre y barato
Guía para Cruceristas • Italia
Cómo llegar de Civitavecchia a Roma: Guía Paso a Paso
Vista aérea del Puerto de Civitavecchia, la puerta de entrada a Roma.
Como aficionado a los cruceros, Civitavecchia es uno de los destinos que más veces he visitado. El 90% de los itinerarios por el Mediterráneo Occidental hacen escala aquí, y la razón es obvia: es el puerto de acceso a la "Ciudad Eterna", Roma.
Aunque Civitavecchia tiene su propio encanto, para los cruceristas es un punto de tránsito. Aproximadamente 80 kilómetros separan el puerto de la capital italiana. Hoy te contaré por qué el tren es, para mí, la forma más sencilla, auténtica y económica de realizar este trayecto.
¿Excursión del Barco o por tu cuenta?
Al bajar del crucero, te enfrentarás al gran dilema. Las compañías ofrecen excursiones guiadas que suelen costar entre **75 y 150 euros por persona**. Es la opción cómoda: te recogen al pie del barco y te devuelven antes de zarpar sin preocupaciones.
El ahorro es clave: Ir por tu cuenta te costará apenas 10-15 euros, frente a los 200 euros que puede gastarse una pareja en el barco. Además, viajar por libre te permite empaparte de la vida en Italia, mezclarte con la gente local y evitar las prisas de los grupos de "rebaño".
Paso 1: Salir del Puerto (Bus Lanzadera)
Lo primero que debes saber es que **no está permitido caminar por el área operativa del puerto**. Por seguridad, las autoridades portuarias ofrecen un servicio de autobuses lanzadera (shuttles) gratuitos. Estos buses te recogen justo al bajar de tu crucero y te dejan en la entrada principal del puerto (Largo della Pace).
Buses lanzadera gratuitos del puerto.
Paso 2: Llegar a la Estación de Tren
Una vez en la entrada del puerto, verás los grandes torreones fortificados. Para llegar a la estación, solo tienes que caminar unos 5-10 minutos por el paseo marítimo (hacia la derecha si miras al mar). No tiene pérdida, está bien señalizado como Stazione Ferroviaria.
Paso 3: Billetes y el trayecto hacia Roma
En la estación puedes comprar tus billetes en las taquillas o máquinas automáticas. El precio del billete de ida y vuelta ronda los **10-12 euros**.
¡Muy importante! Antes de subir al tren, debes validar (sellar) tu billete en las pequeñas máquinas verdes o amarillas que hay en los andenes. Si no lo haces, te arriesgas a una multa considerable.
El trayecto dura aproximadamente **una hora y veinte minutos**. Un consejo de veterano: los trenes en Italia son "particulares". Puedes encontrar trenes modernos y limpísimos, y otros que parecen sacados de otra época. Además, las vías son algo irregulares; notarás que el tren bota bastante, pero es totalmente normal.
¿Dónde bajar en Roma? Mi recomendación
Aunque el tren termina en Roma Termini (el centro neurálgico), mi recomendación para cruceristas es bajar en la estación de Roma San Pietro.
Es una de las primeras paradas dentro de la ciudad.
A solo 10 minutos andando estarás en la **Plaza de San Pedro (Vaticano)**.
Desde allí puedes empezar una ruta a pie hacia el Castillo de Sant'Angelo, Piazza Navona y el Panteón.
Cruceros atracados. Recuerda siempre controlar el tiempo de regreso.
Consejo de Seguridad: El tiempo es oro
La regla de oro del crucerista es **no apurar jamás el último tren**. Los trenes en Italia pueden sufrir averías o retrasos. En una de mis visitas, el tren se detuvo por una avería técnica y, de no haber salido con margen, habría perdido el barco. Calcula siempre volver al puerto al menos **2 horas antes** de la hora de "todos a bordo".
Que ver en Santorini - Que hacer en Santorini - Que comer en Santorini
Santorini
Pues a todo esto procuraré responderos, contándoos mi viaje a Santorini y la estupenda y corta escapada que nos dejó a todos encantados y deseando volver, para visitar con más calma, esta preciosa isla griega.
Esta visita a Santorini, fue visita relámpago.
Viajábamos en un fenomenal crucero que nos llevó por Italia, Islas Griegas y Turquía . Santorini era una de sus escalas.
Este viaje se completó con unos fantásticos compañeros y amigos que conocimos en el crucero, y con los que, años después, todavía mantenemos contacto y realizamos frecuentes "quedadas".
Esto hizo que este viaje y estos recuerdos, hoy en día, los considere como "el viaje de mi vida". Ahora paso a contaros la escala en Santorini.
Cambados y la Festa do Albariño 2026: opinión de una visita en primera persona
Este artículo nació de una visita real a Cambados durante la Festa do Albariño de 2014. En esta actualización a 2026 mantengo la esencia de aquel día: llegar con ganas de fiesta, aparcar donde se puede, caminar hacia el centro, ver el ambiente, probar Albariño, buscar mesa sin haber reservado y acabar confirmando que Cambados merece mucho más que una visita rápida.
Torre de San Sadurniño en Cambados
Actualización 2026: conservo las fotos originales válidas de la visita de 2014 y sustituyo las imágenes que fallaban por las nuevas que me has pasado. La idea no es borrar el artículo antiguo, sino darle formato actual, mejorar SEO, ordenar el contenido y mantener el tono de experiencia personal.
CambadosPontevedra
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La visita original: Cambados en plena Festa do Albariño
La escapada original fue en agosto de 2014, coincidiendo con la Festa do Viño Albariño de Cambados. Aquel año el plan era muy sencillo: acercarse a la villa, vivir el ambiente de la fiesta, pasear por el centro y comprobar si el Albariño estaba a la altura de su fama. Lo estaba.
Lo primero que llamaba la atención era el ambiente. Mucha gente llegando con neveras, bolsas, empanadas y ganas de pasar el día. Cambados estaba lleno, como suele ocurrir en las fechas grandes de la fiesta, y desde el aparcamiento ya se notaba que no era un día cualquiera.
Cartel de la Festa do Albariño de Cambados de 2014, recuerdo de la visita original.
Llegar, aparcar y entrar en ambiente
Una de las cosas que siguen siendo importantes en 2026 es organizar la llegada. En días fuertes, Cambados se llena y aparcar en la calle puede ser complicado. En la visita de 2014 ya se habilitaban zonas de aparcamiento en fincas cercanas al centro, algo que compensaba por comodidad.
Mi consejo actual es el mismo, pero con más insistencia: llegar temprano, asumir que habrá gente, no apurar la hora de comer y no pensar que se aparca junto a las casetas como si fuera un martes cualquiera fuera de temporada.
Antes de meterse de lleno en las casetas, Cambados pide paseo. La Plaza de Fefiñáns y el Pazo de Fefiñáns son uno de los centros visuales de la villa. Desde allí se puede callejear hacia el mar por calles de piedra, con ese aire de localidad marinera y señorial que hace tan especial a Cambados.
En la visita de 2014 esa parte fue importante: caminar sin prisa, mirar la plaza y entender que el Albariño no flota en el aire sin contexto. Está unido a una villa, a una comarca, a pazos, bodegas, mar y fiesta popular.
Plaza y Pazo de Fefiñáns, una de las imágenes monumentales más reconocibles de Cambados.
La Alameda y las casetas del Albariño
Después del paseo llegó la parte más festiva: acercarse a la Alameda y a la zona donde se montaban los stands de Albariño. En 2014 el ambiente ya era una locura: gente con su copa colgada, grupos de amigos, casetas, bodegas y mucho movimiento.
En 2026 la recomendación sigue siendo no intentar probarlo todo. Mejor escoger unas cuantas bodegas, beber agua, comer bien y alternar casetas con paseos. La Festa do Albariño se disfruta más cuando no se convierte en una carrera.
Alameda de Cambados con ambiente de la Festa do Albariño y casetas de vino durante la visita de 2014.
La copa de Albariño: símbolo de la fiesta
Una de las imágenes más propias de la Festa do Albariño es la copa colgada. En aquella visita todo el mundo iba probando un vino aquí y otro allá, con el ambiente subiendo a medida que avanzaba la tarde. Es divertido, pero conviene ir con cabeza.
El Albariño es el protagonista, pero no debería ser una excusa para perderse Cambados. Lo mejor de la fiesta aparece cuando se combina vino, comida, paseo y conversación.
Vista aérea de Cambados
Bodegas, stands y ambiente popular
En la zona de bodegas, varias marcas de Albariño presentaban sus vinos. Esa parte de la fiesta tiene mucho interés si se va con curiosidad: comparar bodegas, preguntar, fijarse en estilos y descubrir que no todos los Albariños son iguales.
En 2014 también aparecían espumosos gallegos elaborados con uva Albariño, algo que entonces llamaba la atención y que hoy encaja dentro de una evolución más amplia del vino gallego.
Actualizar este artículo a 2026 también permite añadir algo que en el texto original quedaba más breve: Cambados no es solo la Festa do Albariño. Si ya estás allí, merece la pena bajar hacia San Tomé, acercarse a la Torre de San Sadurniño, ver las Ruinas de Santa Mariña Dozo y caminar hacia el puerto.
Esa parte más marinera equilibra muy bien el día. Después de las casetas y la multitud, el paseo hacia el agua ayuda a bajar revoluciones y a recordar que Cambados es una villa de vino, sí, pero también de ría.
Copa de Albariño, el rey de la fiesta.
Dónde comer: el error de no reservar
La visita de 2014 dejó una lección clara: en plena Festa do Albariño, improvisar la comida puede salir regular. Nuestra idea inicial era comer en un sitio recomendado, pero las colas eran enormes. Al final tocó tapear donde se pudo, que es una opción válida si se asume el ambiente de fiesta, pero no la mejor si se quiere comer bien.
El consejo para 2026 es reservar si se quiere restaurante. Y si no se reserva, aceptar el plan de tapas, empanada, marisco, raciones y algo sencillo. El Albariño combina muy bien con producto de mar, pero para disfrutarlo sin estrés conviene organizarse.
Después de una tarde larga de Albariño, paseo y ambiente, la escapada terminó con un arroz con bogavante en Cambados. En el recuerdo del artículo original, esa cena puso el broche perfecto a un día muy gallego: vino, ría, comida y fiesta.
Hoy lo recomendaría con un matiz: si quieres un arroz o una cena concreta, reserva antes. En fechas de fiesta, Cambados no perdona la improvisación.
Arroz con bogavante servido en Cambados durante la visita original de 2014.
Qué hacer cerca de Cambados
Cambados encaja muy bien dentro de una ruta por O Salnés y la ría de Arousa. Desde aquí se puede ir hacia O Grove, A Toxa, Illa de Arousa, playas, bodegas o pequeños pueblos marineros. La clave es no verlo como una visita aislada.
La villa también funciona bien sin prisa. Una plaza, una calle de piedra, una taberna, una vista de la ría y una copa tranquila de Albariño pueden contar más del lugar que una lista larga de paradas.
Revisar el artículo original confirma lo esencial: Cambados merece la pena. La Festa do Albariño puede ser multitudinaria, alegre y algo caótica, pero también es una de esas celebraciones que explican muy bien Galicia: producto, territorio, vino, comida, música y ganas de calle.
Mi recomendación para 2026 es ir con tiempo, no centrarlo todo en beber, reservar comida si buscas algo concreto y dejar espacio para caminar. Cambados se disfruta más cuando la fiesta no tapa la villa.
Preguntas rápidas sobre Cambados y la Festa do Albariño
¿Cuándo se celebra la Festa do Albariño?
Tradicionalmente se celebra en torno al primer domingo de agosto. Para la edición de 2026 conviene confirmar fechas, horarios y programa en los canales oficiales cuando se publiquen.
¿Merece la pena ir si no bebo vino?
Sí. Cambados tiene casco histórico, Fefiñáns, San Tomé, Torre de San Sadurniño, puerto, gastronomía y mucho ambiente.
¿Conviene reservar restaurante?
Sí. En plena fiesta hay mucha gente y los restaurantes se llenan. Si quieres comer bien y sin colas, mejor reservar.
Guarda esta guía de Cambados y la Festa do Albariño Una actualización 2026 de una visita personal de 2014, manteniendo las fotos originales válidas.
Una visita de 2014 actualizada a 2026: Marina, centro histórico, cena portuguesa y cuevas marinas
Algarve · Portugal · Actualizado 2026
Lagos en el Algarve: qué ver, qué comer y por qué la excursión a las cuevas marinas sigue siendo imprescindible
Este artículo nació de una visita real a Lagos, en el Algarve, a mediados de agosto de 2014. Fue un viaje bastante improvisado, con hotel buscado a última hora, cena en el centro, paseo por la Marina y una excursión en barco que terminó siendo lo mejor de todo. Ahora lo actualizo a 2026 sin borrar aquella mirada: mantengo la experiencia, las fotos originales y las sensaciones de aquel viaje, pero añado lo que hoy conviene tener en cuenta antes de volver a Lagos.
Actualización 2026: Lagos sigue siendo uno de los destinos más bonitos del Algarve occidental, pero en temporada alta ya no es un lugar para improvisar alegremente. Agosto continúa siendo caro, concurrido y muy internacional. Si vas en verano, reserva alojamiento y excursiones con margen. Si puedes elegir, junio, septiembre o incluso octubre ofrecen una experiencia más amable.
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Camino al Algarve: cruzar el Tajo y notar que cambiaba el viaje
Fue a mediados de agosto de 2014 cuando nos fuimos al Algarve. Una semana de vacaciones que aprovechamos bastante bien para visitar esa zona preciosa de Portugal, aunque ya entonces me pareció muy masificada en pleno verano. Lo primero que recuerdo con claridad no fue una playa ni un restaurante, sino el cambio de temperatura al cruzar el río Tajo por el Puente Vasco da Gama, en Lisboa.
Venía de un ambiente más fresco, de unos 18 o 20 grados, y en apenas unos kilómetros pasamos a una sensación mucho más cálida, de 25 o 27 grados. Puede parecer una tontería, pero esos cambios se quedan. Hay viajes en los que el cuerpo nota antes que la cabeza que has entrado en otro territorio. En aquel caso, el Algarve empezó para mí justo ahí: al otro lado del Tajo, con más luz, más calor y la sensación de estar bajando hacia un verano distinto.
Puente Vasco da Gama, en Lisboa: para mí, uno de esos cruces que marcan el inicio del viaje.
El Puente Vasco da Gama sigue siendo una entrada majestuosa hacia el sur de Portugal. A un lado y al otro, el paisaje se abre con esa escala enorme del estuario del Tajo. En 2014 lo viví como una sorpresa; en 2026 lo contaría igual, pero añadiendo un consejo: si haces ruta en coche hacia el Algarve, no lo conviertas todo en autopista mental. Hay trayectos que también forman parte del viaje.
Primer error de viaje: llegar al Algarve en agosto sin hotel
Lo confieso: solo habíamos cogido hotel para la primera noche, que además fue de camino. Al llegar a la zona del Algarve, lo primero fue buscar alojamiento. Lo sé, debía haberlo hecho antes. Pero el viaje fue improvisado y llegamos al Algarve portugués sin hotel en pleno agosto.
No lo hagáis. O, mejor dicho, no lo hagáis si no queréis correr el riesgo de quedaros sin habitación o de pagar bastante más de lo previsto. En aquel 2014 ya nos costó encontrar algo. Todo estaba lleno y los precios subían con facilidad. Al final apareció una opción en las afueras de Lagos, con buenas críticas y a unos 90 euros la noche en habitación doble. Para lo que estábamos viendo entonces, no parecía mala solución.
En 2026, aquel precio de 90 euros no debe tomarse como referencia real. Ha pasado más de una década, el Algarve se ha consolidado aún más como destino internacional y los alojamientos en temporada alta se disparan si esperas al último momento. Mi consejo actual es muy claro: si quieres Lagos en verano, reserva antes. Y si puedes viajar fuera de agosto, mucho mejor.
Cartel de Beach House Lagos, el alojamiento que apareció en aquella búsqueda urgente.Beach House Lagos: no era exactamente el hotel que yo imaginaba, pero nos resolvió la noche.
Aquel Beach House Lagos era más una gran casa particular habilitada como alojamiento que un hotel al uso. Tenía piscina, una cocina donde preparaban el desayuno, una sala común y un sistema curioso: te daban una llave, una botella de agua de cortesía y una hoja donde anotabas lo que consumías. Recuerdo precios muy asequibles en esas pequeñas consumiciones, como una Coca-Cola a 1 euro.
Pero no era lo que esperaba de un hotel ni lo que sentí que vendía la reserva. Estaba a dos o tres kilómetros de Lagos, dependías del coche o de taxis, y para alguien que iba a moverse por la ciudad no era lo más cómodo. Para quien quisiera playa justo delante, podía tener más sentido. Para mí, fue una solución de emergencia. Y esa es la lectura actual: en el Algarve, el alojamiento cambia por completo la experiencia.
La Marina de Lagos: primera impresión de la ciudad
Ya instalados, nos fuimos a dar una vuelta por Lagos. Lo primero fue aparcar cerca de La Marina de Lagos, donde en aquel momento había espacios cómodos y gratuitos. Desde allí accedimos rápidamente al puerto deportivo, lleno de yates, veleros, empresas de excursiones, puestos de hostelería y ese ambiente de destino turístico internacional que Lagos mantiene todavía hoy.
La Marina funciona casi como una antesala de la ciudad. No es el Lagos más antiguo ni el más portugués, pero sí una parte muy útil para entender el movimiento del destino: barcos que salen hacia las cuevas, turistas preguntando precios, familias paseando, restaurantes, tiendas y el canal que comunica con el mar. En 2014 me pareció un sitio precioso para pasear y tomar algo. En 2026 lo seguiría recomendando como punto de inicio, sobre todo si vas a contratar una excursión por la costa.
La Marina de Lagos, puerto deportivo y punto de salida para muchas excursiones por la costa.
El puente móvil y la entrada al centro
Al salir de la Marina nos encontramos con una de esas cosas pequeñas que luego recuerdas con cariño: el puente móvil que une la zona del puerto deportivo con la ciudad. Cuando llega un barco grande o un velero con el mástil alto, el puente se abre y el tráfico peatonal se detiene unos minutos. Todos miran, algunos sacan fotos, y de pronto un simple cruce se convierte en espectáculo.
Después cruzamos hacia el centro de Lagos y empezamos a caminar por el paseo marítimo. La ciudad tenía muchísimo ambiente. Me recordó en parte a ciertas zonas de Canarias, como Playa del Inglés, por la presencia masiva de turismo británico, bares orientados a extranjeros y locales pensados para ese público. Pero Lagos conserva algo diferente: callejuelas estrechas, fachadas claras, tiendas pequeñas, plazas, olor a pescado y esa mezcla entre puerto, playa y ciudad histórica.
El puente móvil de la Marina: un detalle sencillo, pero muy fotogénico.
A veces Lagos parecía una Canarias portuguesa sin coger avión: mucho inglés, mucho verano, precios menos portugueses de lo esperado, pero también callejuelas con encanto y un puerto precioso.
El centro de Lagos: mucho ambiente, mucha mezcla y precios de zona turística
En el centro vimos tiendas para turistas, bares muy internacionales y muchos locales orientados al visitante extranjero. Eso puede decepcionar si uno busca un Portugal más auténtico, pero también forma parte de la personalidad de Lagos en temporada alta. Es una ciudad de costa, muy viajada, muy fotografiada y muy consumida por el turismo europeo.
En 2014 ya me dio la impresión de que no estábamos ante el Portugal barato de otros viajes. Todo parecía un poco más caro. En 2026 insistiría en esto todavía más: Lagos no es el destino al que ir esperando precios de pueblo portugués. Sigue teniendo rincones agradables y lugares donde comer bien, pero hay que mirar, comparar y evitar caer en el primer local de comida rápida orientado exclusivamente a turistas.
Al caer la noche tocaba cenar. Entre todos los locales que vimos, no nos convencieron demasiados porque había mucha comida rápida y mucho restaurante demasiado orientado al turismo británico. Finalmente nos quedamos con uno llamado El Pescador. Prometía comida típica portuguesa, pescados frescos y estaba recomendado en plataformas de opiniones. Nos convenció.
Tuvimos que esperar un buen rato, pero era agosto y Lagos estaba bastante masificado. Al sentarnos, como ocurre muchas veces en Portugal, aparecieron los entrantes sobre la mesa: si los quieres, los tomas y los pagas; si no, no tienes por qué tocarlos. Pedimos un bacalao al estilo de la casa y una lubina a la espalda.
La lubina a la espalda fue, sin duda, el plato que salvó la cena.El bacalao tenía buena presentación, pero aquel día nos resultó insulso.
Los dos platos tenían una presentación magnífica. Pero el bacalao, que debía ser el plato de la casa, me pareció totalmente desalado, insulso y poco sabroso. Una decepción. La lubina, en cambio, estaba exquisita. El precio de aquella cena fue de unos 45 euros la pareja con una botella de vino, pero de nuevo conviene remarcar que ese dato pertenece a 2014 y no debe usarse como referencia para 2026.
Si volviera hoy, aplicaría una regla sencilla: en Lagos elegiría restaurantes menos dependientes del flujo turístico de la calle principal, miraría cartas antes de sentarme y no daría por hecho que “pescado fresco” equivale automáticamente a buena cocina. En el Algarve se puede comer muy bien, pero en temporada alta hay que seleccionar con un poco más de calma.
El paseo marítimo de Lagos y los vídeos de aquel viaje
Al día siguiente, después de desayunar, volvimos a Lagos e hicimos caminando todo el paseo marítimo. Es una zona muy agradable para recorrer sin prisa, especialmente si la combinas con la Marina y con el centro histórico. Aquel día grabé varios vídeos con un teléfono bastante normalito, así que la calidad no es la de ahora, pero el recuerdo tiene valor: muestran el canal, la costa y la sensación de estar entrando y saliendo de Lagos desde el agua.
Vídeo original del viaje: Lagos desde la zona del canal y el paseo marítimo.
La excursión en barco a las cuevas marinas: lo mejor de Lagos
Para la tarde teníamos pensado hacer una excursión. Los tickets se compraban en la Marina, en una de las empresas de actividades de la zona. La idea era navegar por la costa para ver las cuevas marinas, los acantilados y las formaciones rocosas que han hecho famosa a esta parte de Lagos.
Y aquí lo digo igual que lo escribí entonces: la excursión fue sin duda lo mejor de todo. En 2014 costaba 10 euros por persona y nos llevaron en una barquita de unas 8 o 10 plazas, entrando en cuevas, navegando entre acantilados y viendo cómo la luz se filtraba por grutas y pasadizos. Aquello fue impresionante. Hoy ese precio ya no es realista, pero la recomendación se mantiene intacta: si vas a Lagos y el mar lo permite, reserva tiempo para ver la costa desde el agua.
La excursión en barco por las cuevas marinas y acantilados fue lo más espectacular del viaje.
En 2026 esta experiencia se asocia sobre todo a la zona de Ponta da Piedade, uno de los paisajes costeros más reconocibles del Algarve. Puedes verlo desde arriba, caminando por pasarelas y miradores, o desde el mar, en barco, kayak o excursiones guiadas. Para mí, verlo desde el agua tiene algo especial: entiendes la escala real de los acantilados, la forma de los arcos, los colores de la roca y la fuerza del Atlántico trabajando la costa.
Consejo 2026: En agosto, intenta reservar la excursión con antelación o pasar por la Marina temprano. Las mejores horas suelen agotarse antes.
Mejor luz: La mañana y el final de la tarde suelen dar mejor color al agua y a los acantilados. En pleno mediodía, el calor pega fuerte.
Seguridad: Si visitas Ponta da Piedade por tierra, respeta pasarelas y miradores. Los bordes de los acantilados no son un sitio para jugar con la foto.
Imprescindible: Agua, gorra, protección solar y algo de abrigo ligero si sales en barco: el viento en el mar puede cambiar la sensación térmica.
La vuelta por el canal hacia la Marina de Lagos, otra forma preciosa de ver la ciudad.
Sería delito ir a Lagos y perderse este espectáculo: la ciudad está bien, la Marina tiene encanto, pero las cuevas y acantilados desde el agua son otra liga.
Haría igual el paseo por la Marina, porque es una forma cómoda de entrar en Lagos y tomarle el pulso al destino. Haría igual el paseo por el centro, aceptando que es turístico pero buscando sus callejuelas con más calma. Y, por supuesto, repetiría la excursión en barco por las cuevas marinas.
Lo que cambiaría es la improvisación. No llegaría en agosto sin alojamiento. No reservaría cualquier habitación solo porque aparece disponible. No confiaría en que los precios sean “de Portugal” solo porque estamos en Portugal. Y revisaría con más atención dónde cenar, sobre todo si se trata de una zona con tanto restaurante orientado al visitante extranjero.
También añadiría una visita por tierra a Ponta da Piedade, que hoy está mucho más presente en cualquier planificación de Lagos. Las pasarelas de madera y los miradores permiten disfrutar de la costa desde arriba, con vistas espectaculares de los acantilados, las playas y el color del mar. Si combinas tierra y barco, Lagos gana muchísimo.
¿Merece la pena Lagos en el Algarve?
Sí, merece la pena. Pero con matices. Lagos no es un secreto, no es una aldea tranquila y no es el Algarve vacío de postal sin gente. Lagos es un destino turístico consolidado, internacional y muy concurrido en verano. Precisamente por eso conviene ir sabiendo a qué vas.
Si buscas calma absoluta en agosto, quizá no sea tu mejor opción. Si quieres costa espectacular, ambiente, puerto, excursiones, playas cercanas y un centro agradable para pasear, Lagos sigue siendo una base muy buena en el Algarve occidental. Y si puedes evitar julio y agosto, mucho mejor. En temporada media, la ciudad respira de otra manera.
Guardo un recuerdo muy bonito de Lagos. No porque todo fuera perfecto, sino porque el viaje tuvo verdad: la llegada improvisada, la búsqueda de hotel, la sorpresa de la Marina, la cena con un plato decepcionante y otro muy bueno, el puente móvil, el paseo por el canal y, sobre todo, aquella barquita entrando entre cuevas y acantilados.
Al actualizar este artículo en 2026, me doy cuenta de que la esencia sigue siendo válida. Lagos ha cambiado, los precios han cambiado y la forma de viajar también. Pero hay algo que permanece: la costa de Lagos vista desde el agua sigue siendo una de las imágenes que mejor explican por qué el Algarve enamora a tanta gente.
Mi consejo final sería este: ve a Lagos, pero no vayas a ciegas. Reserva con cabeza, evita improvisar en agosto, compara restaurantes, sal al mar si el tiempo lo permite y guarda un rato para caminar sin mapa. Porque, más allá de la fama turística, Lagos todavía tiene momentos que justifican el viaje.
Preguntas rápidas para visitar Lagos en 2026
¿Cuál es el mejor plan en Lagos?
Para mí, la excursión en barco a las cuevas marinas y acantilados de Ponta da Piedade. La ciudad y la Marina están bien, pero la costa desde el agua es lo más memorable.
¿Conviene ir a Lagos en agosto?
Se puede ir, pero hay que asumir mucho turismo, precios altos y necesidad de reservar alojamiento y excursiones con antelación. Si puedes elegir, junio o septiembre suelen ser meses más agradables.
¿Dónde aparcar en Lagos?
En 2014 aparcamos cerca de la Marina con facilidad. En 2026 conviene mirar la situación actual antes de ir, especialmente en temporada alta, y no apurar si tienes una excursión reservada.
¿Merece la pena cenar en el centro?
Sí, pero hay que escoger. Lagos tiene muchos restaurantes orientados al turista. Mejor mirar carta, reseñas recientes y evitar sentarse en el primer local que parezca “típico” solo por la decoración.
¿Qué no repetiría de aquel viaje?
No volvería a llegar al Algarve en agosto sin alojamiento cerrado. Fue parte de la aventura, pero hoy no lo recomiendo.
¿Te ha servido esta actualización de Lagos? Guárdala para preparar tu escapada al Algarve.
Toledo 2026: Crónica de una Ciudad Eterna entre la Nostalgia y la Vanguardia
Echar la vista atrás hacia aquel fin de semana de 2014 en Toledo es inevitable cuando uno vuelve a pisar el empedrado de la Ciudad Imperial en 2026. Ha pasado más de una década, los precios han evolucionado y la ciudad ha ganado nuevos rincones gourmet, pero la esencia de la capital de las tres culturas permanece inmutable. En esta guía de profundidad, te cuento cómo planificar tu viaje hoy, manteniendo vivo el recuerdo de aquella primera gran subida a la colina.
Logística y Llegada: La Conquista de la Colina
Recuerdo perfectamente mi estrategia de 2014: buscar los parkings que rodean la falda de la ciudad. Toledo es, geográficamente, un desafío. Situada en una prominencia granítica y rodeada por el foso natural del río Tajo, la ciudad exige buenas piernas o una buena planificación. En aquel entonces, aparcar en la zona universitaria era el "secreto a voces" para evitar el caos del centro. Hoy, en 2026, esa zona sigue siendo una opción inteligente, aunque han proliferado los sistemas de parkings disuasorios conectados por escaleras mecánicas que salvan el desnivel hasta la parte alta.
La subida sigue teniendo ese componente místico. Mientras dejas atrás el asfalto moderno y te adentras en el cinturón de murallas, el aire cambia. Se respira piedra, historia y siglos de asedios. Entrar por la Puerta de la Bisagra (o Puerta Nueva de la Bisagra) sigue siendo el ritual de paso necesario. Su estructura, reconstruida por Alonso de Covarrubias en el siglo XVI, es un monumento en sí misma. Sus torres circulares y el patio central nos hablan de un pasado donde el control de acceso era vital para la supervivencia del reino.
Zocodover: El Corazón que nunca se detiene
Llegar a la Plaza de Zocodover tras la subida es como alcanzar la cima de un puerto de montaña. En 2014, me sorprendió su actividad; hoy, en 2026, es el centro neurálgico absoluto. Es el lugar donde convergen turistas, estudiantes de la Universidad de Castilla-La Mancha y los propios toledanos. Su nombre sigue resonando a historia árabe, recordándonos que hace siglos aquí se compraban y vendían bestias de carga.
¿Qué sería de Zocodover sin sus sabores? Mi parada para tomar una "Toledana" sigue siendo el recuerdo más dulce de aquel viaje. Esta empanadilla de masa fina, espolvoreada con azúcar y rellena de un cabello de ángel que parece seda, es un símbolo de la repostería local que, por suerte, no ha sucumbido a la industrialización. En 2026, los locales tradicionales de la plaza han mantenido la receta, aunque el precio del café y el dulce haya subido de aquellos euros simbólicos a un precio más propio de una capital europea, situándose el combo de desayuno en torno a los **6€-8€** dependiendo de la terraza.
El Alcázar y el Hotel Alfonso VI: Dormir en la Historia
Pocos edificios en España imponen tanto como el Alcázar de Toledo. Durante mi estancia, alojarme justo enfrente en el Hotel Alfonso VI fue un acierto logístico y emocional. En 2014, los 70€ por noche me parecieron una inversión fantástica para un hotel de cuatro estrellas. Hoy, en la realidad económica de 2026, esos precios son cosa del pasado; una habitación doble en este hotel emblemático oscila ahora entre los **130€ y 160€**, reflejando el auge del turismo de calidad en la ciudad.
El hotel sigue manteniendo ese aura de "Castilla profunda": armaduras en el hall, maderas nobles y una sensación de robustez que encaja con el paisaje. Sobre el Alcázar, su metamorfosis de academia militar a museo y biblioteca (la Biblioteca de Castilla-La Mancha) lo ha convertido en un centro cultural vibrante. Subir a su última planta para tomar algo en la cafetería mientras contemplas los tejados de la ciudad es, posiblemente, el mejor consejo que puedo darte en 2026.
Gastronomía: Del Mercado de San Agustín a la Taberna Tradicional
La noche toledana invita a la exploración culinaria. El Mercado de San Agustín, que ya me cautivó en su día, ha evolucionado hacia un concepto de "gastromercado" muy refinado. Sigue siendo el lugar ideal para degustar un buen queso manchego con denominación de origen y raciones de jamón ibérico que se cortan al momento. Cenar en su bodega sigue teniendo ese punto romántico y secreto que buscamos los viajeros.
Si prefieres algo más contundente, no olvides probar las Carcamusas (magro de cerdo con tomate y guisantes, un clásico local) o la perdiz a la toledana. En 2026, la oferta de restauración ha crecido hacia la fusión, pero los clásicos cerca de la Catedral siguen mandando.