De Testal a Portosín por la orilla del mar
Mi paseo más bonito por la ría de Muros-Noia
Un relato en primera persona: arena, calitas escondidas, brisa salada y un atardecer que no olvidaré jamás
Era una tarde de enero de 2026, de esas en las que el sol de invierno parece más dorado que nunca. Salí de Noia caminando desde la Playa de Testal con las zapatillas cómodas, una botella de agua y cero prisa. Quería hacer el recorrido por la orilla del mar hasta Portosín, ese pueblo marinero que siempre me había llamado la atención desde el otro lado de la ría. No tenía ni idea exacta de la distancia (creo que rondan los 7-9 km ida), pero sabía que valdría la pena.
El comienzo en Testal: Arena y calma absoluta
Comencé bordeando la Playa de Testal. El paseo marítimo arbolado estaba casi vacío. Me quité las zapatillas un rato para sentir la arena fría entre los dedos. El agua de la ría parecía un espejo; apenas alguna pequeña ola. Miraba hacia el otro lado y veía los montes de Porto do Son, preguntándome cómo se vería Portosín de cerca.
Las calitas y playas escondidas: Boa, Ornanda, Batuda…
Poco a poco el camino se vuelve más natural. El paseo urbano da paso a senderos de tierra y pequeñas pasarelas de madera. Pasé por la Playa de Boa (pequeña y preciosa, ideal para niños), luego la cala de Boa Pequena, y más adelante Ornanda y Batuda. Cada una más bonita que la anterior. En algunas me paré a sentarme en las rocas, a escuchar el chapoteo suave y a ver cómo las aves marinas volaban bajo.
Lo mejor: apenas me crucé con cuatro o cinco personas en todo el camino. Era como tener la ría para mí solo.
El tramo final: Punta Cabalo y la llegada a Portosín
Después de Boa, el sendero sube un poco hacia el mirador de Punta Cabalo. Desde allí las vistas de la ría son espectaculares: Noia al fondo, el puente de la autopista diminuto y toda la costa desplegada. Bajé con cuidado hasta acercarme al puerto deportivo de Portosín. El olor a salitre se intensificó, y de repente aparecieron los barcos, las redes y el bullicio suave de un pueblo pesquero.
El broche: Atardecer en Portosín y regreso
Llegué justo cuando el sol empezaba a esconderse. Me senté en uno de los bancos del puerto, con una cerveza en la mano que compré en un bar cercano. El cielo se volvió naranja, rosa, violeta… reflejado en el agua quieta. Volví en bus (hay línea frecuente Noia–Portosín), pero con el corazón lleno. Ese paseo de unas 2,5-3 horas ida me regaló paz, belleza y la certeza de que Galicia nunca deja de sorprender.
Consejos rápidos de quien lo ha vivido
- Distancia aproximada ida: 7–9 km (fácil, pero lleva calzado cómodo)
- Tiempo: 2,5–3,5 h ida (depende de paradas)
- Mejor hora: atardecer (¡imprescindible!)
- Marea: mejor con marea baja para ver más calitas
- Regreso: bus línea Ribeira–Noia (frecuente) o taxi