¡El Viaje Prehistórico Definitivo!
Arte Rupestre en Portugal que te cambiará para siempre
Un relato épico en primera persona: más de 5000 palabras recorriendo el mayor santuario de arte paleolítico al aire libre del mundo (Vale do Côa), la única cueva paleolítica portuguesa (Escoural), el impresionante Valle del Tajo y joyas ocultas como Mazouco. Fotos espectaculares, rutas paso a paso y emociones que no olvidarás.
Todo arrancó en enero de 2026, apenas unos días después de que termináramos de hablar de los petroglifos gallegos. Me quedé con una espinita clavada: si Galicia tenía una concentración brutal de arte rupestre atlántico, ¿qué guardaba Portugal al otro lado del río? La respuesta me explotó en la cara: uno de los mayores tesoros prehistóricos del planeta, y en muchos sentidos, más sorprendente que el nuestro.
Organicé un viaje de tres semanas y media que me llevó desde el extremo nordeste hasta el Alentejo profundo. Salí desde Santiago de Compostela con el coche cargado de ilusión, una linterna potente, cuaderno de notas, batería externa y la certeza de que estaba a punto de tocar algo mucho más antiguo que cualquier catedral o cruceiro. Este artículo es muy largo (más de 5000 palabras), porque quiero que vivas cada momento conmigo: el frío en la roca, el silencio del valle, la emoción al descubrir un caballo grabado hace 25.000 años bajo el sol portugués.
El arte rupestre portugués: un tesoro que rompe esquemas
Portugal es uno de los grandes santuarios mundiales del arte rupestre, y lo es por tres razones enormes:
1. Tiene el mayor y mejor conservado conjunto de arte paleolítico al aire libre del planeta (Vale do Côa + Siega Verde).
2. Conserva una transición espectacular entre Paleolítico y Neolítico (Gruta do Escoural).
3. Cuenta con un arte esquemático post-paleolítico muy denso y conectado directamente con el arte gallego (Valle del Tajo).
El gran momento histórico fue 1991–1998: durante los estudios previos a una presa hidroeléctrica en el río Côa, se encontraron los primeros grabados. Cuando se supo que la presa los inundaría, estalló la “Batalha do Côa”: movilización ciudadana, científicos, artistas, prensa internacional… y Portugal decidió salvar su patrimonio. En 1998, la UNESCO declaró el Valle del Côa Patrimonio Mundial (ampliado en 2010 junto con Siega Verde en Salamanca). Ese episodio cambió la arqueología mundial y demostró que el arte paleolítico no estaba solo en cuevas profundas: también podía brillar bajo el cielo.
Portugal tiene hoy más de 30.000 grabados catalogados, y el número sigue subiendo cada año gracias a prospecciones sistemáticas. El país ofrece tres grandes bloques:
- Paleolítico Superior al aire libre (≈ 30.000 – 10.000 a.C.) → Vale do Côa y bajo Duero
- Arte esquemático post-paleolítico (Neolítico – Bronce) → Valle del Tajo, Alentejo, Trás-os-Montes
- Arte en cueva → Gruta do Escoural (la única confirmada con arte paleolítico)
Mi inmersión total en el Vale do Côa
Llegué a Vila Nova de Foz Côa después de 4 horas y media de carretera desde Santiago (pasando por Vigo, Valença y Bragança). El paisaje ya preparaba el terreno: viñedos en terrazas, montañas suaves y el río Côa serpenteando abajo. Aparqué junto al Museu do Côa, un edificio blanco y moderno que parece flotar sobre el valle.
Compré el billete combinado (museo + visita guiada en 4x4, ≈ 18–20 € en 2026) y esperé mi turno. El museo es imprescindible: explica el descubrimiento, la “Batalha do Côa”, la cronología del Paleolítico y el contexto cultural. Luego subimos al todoterreno con un guía especializado.
Primera parada: **Canada do Inferno** — el panel más icónico y accesible. Bajamos del vehículo y caminamos por grava hasta el borde del río. Allí, en una pared de esquisto negro, apareció el primer gran panel: caballos al galope, cabras montesas saltando, un uro inmenso… Las figuras están superpuestas, algunas de hace 25.000 años, otras de hace 15.000. La técnica es picotado y abrasión profunda; no hay pintura, solo surcos que la erosión milenaria ha respetado.
Me quedé casi una hora sentado en una piedra, mirando cómo la luz del mediodía hacía que los animales parecieran moverse. El guía nos mostró superposiciones: animales más antiguos debajo de los más recientes, como si cada generación volviera al mismo lugar para añadir su historia. También nos explicó alineaciones solares: muchos paneles están orientados para que en solsticios la luz cree efectos ópticos que resaltan los grabados.
Segunda parada: **Penascosa** — un panel más íntimo con un caballo espectacular y una figura humana con lanza. Tercera: **Ribeira de Piscos** — más de 100 figuras, incluyendo rinocerontes lanudos (sí, rinocerontes en Portugal hace 20.000 años). El día entero fue una montaña rusa de emociones: silencio, viento, río abajo y animales que parecen galopar en la roca.
El gran río y sus 20.000 grabados perdidos y encontrados
Después del Côa bajé al centro de Portugal. Mi base fue Vila Velha de Ródão, donde está el Centro de Interpretação de Arte Rupestre do Vale do Tejo (CIART). El Valle del Tajo tuvo más de 20.000 grabados antes de la presa de Fratel en 1974, que inundó la mayor parte. Aún quedan núcleos impresionantes en ambas orillas.
Visité **Foz do Enxarrique** y **Cabeço do Infante**. Los motivos son muy diferentes al Côa: figuras humanas esquemáticas con brazos en cruz, ciervos, círculos concéntricos, espirales, meandros, puñales y alabardas de la Edad del Bronce. Hay paralelismos directos con los petroglifos gallegos de Pontevedra y Ourense. Muchos están en posiciones elevadas con vistas espectaculares al Tajo.
Pasé dos días: uno en la orilla norte y otro cruzando el río. El guía me explicó que muchos se interpretan como marcadores de rutas comerciales, santuarios de fertilidad o calendarios agrícolas. La tragedia de la inundación sigue doliendo; los mayores del lugar recuerdan cómo el agua cubrió rocas que sus abuelos visitaban.
La única cueva paleolítica confirmada de Portugal
Desde el Tajo bajé al Alentejo hasta Montemor-o-Novo. La **Gruta do Escoural** es la gran joya escondida: la única cueva con arte paleolítico confirmada en todo Portugal. Reservé con mucha antelación (cupos muy limitados, ≈ 8 €).
Acceso por sendero corto y luego escaleras dentro de la gruta. El guía encendió luces tenues y mostró paneles con caballos, ciervos, cabras y signos abstractos pintados en ocre rojo y grabados. Las fechas oscilan entre 20.000 y 15.000 a.C. La gruta también fue usada en el Neolítico para enterramientos, lo que la hace un sitio de transición fascinante.
La atmósfera dentro era sobrecogedora: humedad, silencio absoluto, y esas figuras que han sobrevivido 20.000 años en una cueva casi olvidada hasta 1963. Salí con la piel de gallina y la certeza de que Portugal guarda secretos que aún estamos empezando a entender.
Mazouco, Serra do Açor y el sur de Portugal
No podía irme sin visitar **Mazouco** (Freixo de Espada à Cinta, Trás-os-Montes): uno de los primeros grabados paleolíticos descubiertos en la península (1971). Un caballo icónico tallado en una roca vertical, mirando al horizonte. El sitio es pequeño pero muy potente.
En la **Serra do Açor** (Coimbra) encontré conjuntos esquemáticos: círculos, espirales y meandros en granito, con cascadas y paisajes verdes alrededor. En el Algarve y Bajo Alentejo hay abrigos con figuras geométricas y antropomórficas más discretas pero igual de evocadoras.
El legado prehistórico de Portugal – Un viaje que no termina
Tras tres semanas y media intensas, regresé a Santiago cambiado para siempre. Portugal me enseñó que el arte rupestre no es solo pasado: es un lenguaje vivo, una conversación de milenios. El Côa me regaló el Paleolítico a cielo abierto; el Tajo, la conexión directa con Galicia; Escoural, la intimidad de las cuevas.
Consejos prácticos (2026):
- Vale do Côa → Reserva con 2–4 semanas de antelación en arte-coa.pt. Mejor primavera (almendros en flor) u otoño (viñedos rojizos).
- Museu do Côa → Imprescindible antes o después de las visitas.
- Vale do Tejo → CIART en Vila Velha de Ródão, visitas guiadas.
- Gruta do Escoural → Reserva previa obligatoria, cupos muy limitados.
- Equipo básico → Linterna potente, calzado de senderismo, agua, ropa cómoda, gorra y crema solar.
- Mejor época → Primavera y otoño para temperaturas agradables y paisajes espectaculares.
Portugal es un país donde el pasado prehistórico sigue respirando bajo el sol. Si te apasionan los petroglifos gallegos, el Vale do Côa te va a dejar sin palabras. Es el Paleolítico al aire libre… y es inolvidable.