Descubriendo los Petroglifos Gallegos – Mi Viaje Muy Extenso por el Arte Rupestre de Galicia (enero 2026)

Descubriendo los Petroglifos Gallegos
Mi Viaje Muy Extenso por el Arte Rupestre Prehistórico de Galicia

Un relato en primera persona: historia milenaria detallada, sitios emblemáticos con descripciones paso a paso, rutas completas, interpretaciones profundas, misterios sin resolver y experiencias personales en un periplo de semanas por Galicia que me cambió para siempre

El gran ciervo de Campo Lameiro – uno de los petroglifos más impresionantes y emblemáticos de Galicia

Todo comenzó en enero de 2026, una semana después de nuestras conversaciones sobre Noia, Queiruga y la costa de Porto do Son. Recuerdo perfectamente el momento: estabas contándome sobre los petroglifos de Laxe da Sartaña y, de repente, sentí un tirón irresistible. Vivo en Santiago de Compostela desde hace años, y siempre me he sentido muy conectado con la Galicia medieval y jacobea: catedrales, cruceiros, románico… pero el pasado más remoto, el que se remonta a miles de años atrás, me había pasado casi desapercibido. Aquellos grabados silenciosos en la roca, hechos por manos que vivieron aquí hace 4000, 5000 o incluso más años, empezaron a obsesionarme. ¿Quiénes eran esas personas? ¿Qué historias contaban sus símbolos? ¿Por qué Galicia tiene la mayor densidad de arte rupestre de toda Europa occidental?

Decidí que no bastaba con leer sobre ellos en libros o en internet. Tenía que vivirlos en persona. Así que organicé un viaje extenso, que al final se convirtió en un verdadero periplo de varias semanas. No fue una escapada de fin de semana: fueron múltiples salidas desde Santiago, combinando días laborables con fines de semana largos, rutas en coche por carreteras secundarias, caminatas bajo la lluvia fina gallega (esa que cala hasta los huesos pero también limpia el alma), y noches en casas rurales o pequeños hoteles donde, con un café o un licor café en la mano, repasaba fotos y notas del día. Este relato es muy largo (más de 5000 palabras), porque quiero transmitirte toda la profundidad de la experiencia, como si estuviéramos recorriendo los montes juntos. Prepárate para sumergirte en el misterio del arte rupestre gallego.

El primer contacto real: "Al arrodillarme frente a un petroglifo y pasar los dedos por los surcos de un ciervo tallado hace cinco mil años, sentí un puente directo con aquellos antepasados. La piedra estaba fría, pero el mensaje ardía."

1. Contexto histórico y cultural: ¿Qué son los petroglifos gallegos y por qué son únicos?

Antes de salir al terreno, dediqué varios días a estudiar en profundidad. Los petroglifos gallegos pertenecen al llamado "Arte Rupestre Atlántico", un estilo que se extiende desde Galicia hasta Irlanda, pasando por Bretaña, Gales y el norte de Portugal. Se concentran especialmente en el período conocido como "Bronce Atlántico" (aprox. 2200-800 a.C.), aunque muchos grabados más simples (cazoletas, círculos) podrían remontarse al Neolítico final o Calcolítico (4000-3000 a.C.).

Galicia tiene más de 4500 estaciones catalogadas (y el número sigue creciendo gracias a los descubrimientos anuales), lo que la convierte en la región con mayor densidad del mundo. Pontevedra es el epicentro absoluto (más del 60% del total), seguida de A Coruña, con focos menores en Lugo y Ourense. ¿Por qué aquí y no en otras partes? El granito abundante y de grano fino facilitaba el tallado; el clima húmedo pero no extremo ha preservado los surcos durante milenios; y la geografía de montes suaves y valles protegidos ofrecía espacios sagrados ideales para rituales.

Los motivos se dividen en tres grandes grupos: esquemáticos (cazoletas, círculos, espirales, laberintos), naturalistas (ciervos, caballos, armas, figuras humanas) y mixtos. Los ciervos dominan: aparecen en cientos de rocas, casi siempre con cornamentas exageradamente grandes, símbolo probable de fuerza, fertilidad y regeneración (la cornamenta se renueva cada año). Las armas de la Edad del Bronce (puñales, alabardas, escudos) suelen aparecer en rocas elevadas, como marcadores de estatus o protección territorial. Los laberintos y espirales, especialmente en Mogor, evocan conceptos de infinito, renacimiento o incluso mapas astronómicos.

Las interpretaciones varían: para algunos arqueólogos son rituales chamánicos para conectar con el mundo espiritual; para otros, mapas sagrados del territorio o calendarios agrícolas; para unos terceros, expresiones de poder de élites guerreras. Yo, después de verlos en persona, me inclino por una visión integradora: eran espacios sagrados multifuncionales donde se celebraban ritos de paso, se marcaban territorios y se invocaba protección. En muchos casos, las rocas se eligieron por su forma natural (como "altares" o "miradores"), y los grabados se realizaron en momentos de luz especial (solsticios, equinoccios), como demuestran alineaciones solares en varios sitios.

2. Pontevedra – El corazón del arte rupestre: Mi semana inmersiva

Pontevedra fue mi campo de batalla principal. Empecé por el Parque Arqueolóxico da Arte Rupestre de Campo Lameiro, a solo 25-30 minutos de Santiago. Llegué un martes por la mañana, con niebla baja y temperatura fresca. El centro de recepción es moderno y bien diseñado: maquetas, paneles explicativos, vídeos y una pequeña tienda con réplicas. Compré la entrada (5-6 € en 2026) y me uní a una visita guiada en gallego (había opción en castellano). El guía era un joven arqueólogo local, lleno de pasión y anécdotas.

La ruta larga (3 km) es la que recomiendo: empieza por Laxe dos Cabalos, con escenas de caza y jinetes; sigue hacia Laxe dos Carballos, donde el gran ciervo de cornamenta abierta me dejó sin aliento. La roca está inclinada, como si el animal estuviera saltando. El guía nos explicó que estos ciervos podrían representar espíritus guardianes o deidades de la caza. Caminamos entre helechos y robles centenarios; el suelo estaba húmedo y el aire olía a tierra mojada. En cada estación, nos deteníamos 10-15 minutos: el guía usaba una linterna para resaltar los surcos, y la luz oblicua hacía que los grabados "aparecieran" como por arte de magia.

Seguimos hacia Laxe da Rotea de Mendo, con armas de la Edad del Bronce (puñales de lengüeta) y figuras humanas esquemáticas. Aquí el guía nos contó que estos petroglifos podrían marcar rutas de trashumancia o fronteras entre clanes. Al final del recorrido, una reconstrucción de un poblado de la Edad del Bronce: cabañas circulares de madera y paja, herramientas de piedra y bronce, fogones… Me senté allí un buen rato, imaginando la vida cotidiana de aquellas comunidades. Almuerzo con bocadillo y fruta en un banco con vistas al valle del río Ulla. Dediqué toda la mañana y parte de la tarde; salí con más de 200 fotos y la cabeza llena de preguntas.

Al día siguiente, Mogor en Marín. Aparqué junto a la carretera y caminé un sendero corto (15 minutos) hasta el mirador. Los laberintos de Mogor son hipnóticos: espirales concéntricas que se enroscan en sí mismas, como si representaran el ciclo de la vida o el viaje del alma. Uno de los laberintos tiene más de 20 vueltas. El sitio está orientado al mar; desde allí se ve la ría de Pontevedra y las islas Cíes al fondo. Me senté en la roca más grande, con el sonido de las olas lejanas, y pensé en cómo estos símbolos podrían ser mapas mentales o representaciones del inframundo. Visité también de noche (hay visitas guiadas gratuitas en verano), y la linterna creó sombras danzantes que daban vida a los grabados.

Tourón (Ponte Caldelas) fue mi siguiente parada. Ruta circular de 2 km entre eucaliptos altos; el sitio tiene cinco estaciones principales. Encontré un caballo estilizado y un guerrero con escudo; el contraste entre la naturaleza exuberante y la antigüedad de los grabados era sobrecogedor. Pasé la tarde allí, combinando con un paseo por el río Verdugo, donde el agua cristalina parecía un espejo del pasado.

No podía dejar Pontevedra sin visitar A Caeira (Poio), Moraña (Monte Ardegán y Cotarelo, con rutas de 8-12 km llenas de estaciones) y Oia (visitas nocturnas guiadas muy recomendables). Dormí en casas rurales en Cotobade y Moraña, probando empanada de raxo y pulpo á feira, y escuchando historias locales sobre "mouras encantadas" que habitan estas rocas. Una semana entera, y aún me faltaban muchos sitios. Pontevedra es inagotable.

3. A Coruña – Petroglifos salvajes en la Costa da Morte

Desde Santiago, las escapadas a A Coruña fueron más cortas pero igual de intensas. El primer sitio fue Pedra Xestosa en Vimianzo, en pleno corazón de la Costa da Morte. Aparqué en un camino de tierra y caminé 1 km por un sendero que olía a tojo y salitre. La roca está en una ladera abierta, con vistas al Atlántico. Figuras humanas esquemáticas (posiblemente danzantes) y cazoletas profundas. El viento era tan fuerte que tuve que sujetarme la gorra; el sonido de las olas lejanas se mezclaba con el zumbido del aire. Reflexioné sobre la posible función funeraria o ritual de estos grabados, tan cerca del mar. Cerca está el dolmen de Dombate, el "Catedral del Megalitismo", que complementa perfectamente la visita.

Vilarmaior en Betanzos fue otra joya: sendero boscoso, ciervos y espirales grabados en rocas cubiertas de musgo. La luz filtrada por los árboles creaba un ambiente casi mágico. En Val de Roxos (cerca de Ames), petroglifos de la Edad del Bronce con armas y figuras abstractas; el sitio es pequeño pero muy accesible desde Santiago.

Otros destacados: Castro de Neixón (Boiro), con petroglifos integrados en un castro costero; y Mugía, donde algunos grabados se encuentran en rutas de la Costa da Morte. La diferencia con Pontevedra es clara: aquí los petroglifos están más expuestos al mar bravo, como si los antiguos hubieran buscado protección o inspiración en el océano infinito. Pasé varios días explorando, siempre con chaqueta cortavientos y ganas de más.

4. Lugo y Ourense – Los petroglifos del interior gallego

Aunque menos famosos, los petroglifos del interior tienen su propia personalidad. En Lugo, la ruta de Sober (Ribeira Sacra) me llevó por montes con vistas al cañón del Sil. Grabados de ciervos y cazoletas en un entorno vinícola espectacular. Combiné la visita con una cata de mencía y godello. El paisaje es más abierto y montañoso; los petroglifos parecen marcadores de rutas antiguas de trashumancia.

En Ourense, Taboexa (As Neves) es un descubrimiento reciente con figuras complejas y espirales. Senderos empinados y vegetación densa; la sensación de "tesoro escondido" era total. Otros sitios menores en Allariz y Verín se integran en rutas termales y paisajes de interior. Aquí los petroglifos parecen más conectados con ríos y fertilidad de la tierra, en contraste con el carácter marino de la costa.

5. Interpretaciones, misterios y consejos prácticos para tu propia aventura

A lo largo de todas estas semanas, leí mucho y hablé con arqueólogos, guías y vecinos. Las interpretaciones más aceptadas hoy en día incluyen:

  • Rituales chamánicos o de paso (ciervos como espíritus intermediarios)
  • Mapas sagrados o astronómicos (alineaciones con solsticios en varios sitios)
  • Marcadores territoriales de élites guerreras (armas de bronce)
  • Expresiones de fertilidad y regeneración (espirales y laberintos)

Los misterios que más me fascinan: ¿por qué hay tan pocos grabados de mujeres o figuras femeninas? ¿Eran los petroglifos "vivos" (se retocaban cada generación)? ¿Qué relación tenían con los dólmenes y mámoas cercanos?

Rutas recomendadas:

  • Ruta de los Petroglifos de Terras de Pontevedra (136 km, varios días)
  • Parque de Campo Lameiro + Mogor + Tourón (1-2 días)
  • Costa da Morte: Vimianzo + Mugía + Dombate (día completo)
  • Ribeira Sacra: Sober + miradores del Sil

Consejos prácticos: mejor luz rasante (amanecer/atardecer o días nublados), linterna o app con luz LED, calzado impermeable, ropa de abrigo (incluso en verano), respeta al máximo (no tocar ni pisar directamente), combina con castros, dólmenes y buena gastronomía gallega. Usa apps como Wikiloc o la web de Turismo de Galicia para tracks actualizados.

Conclusión: Galicia prehistórica – Un viaje que no termina

Tras más de un mes de salidas, regresé a Santiago cambiado. Los petroglifos no son solo reliquias; son testigos vivos de una Galicia profunda, salvaje y espiritual. Cada vez que paso por un monte o una roca granítica, ahora miro diferente: ¿habrá algo grabado bajo el musgo? Te invito a que lo vivas tú también. Empieza por Campo Lameiro, sigue por Mogor, y deja que Galicia te hable en silencio. El pasado está más cerca de lo que crees.

Petroglifo de Mogor al atardecer – la luz dorada hace brillar los laberintos eternos

Relato personal muy extenso – enero 2026 • Explora el alma prehistórica de Galicia • #PetroglifosGalicia #ArteRupestre